miércoles, marzo 28, 2012

una ciudad en el norte





Minucioso, se arregla ante el espejo
y no sabe, de pronto,
por qué ha viajado tan al norte,
qué hace aquí, redimido del tiempo del reloj,
bajo una luz escueta que esta mañana, junto al muelle,
parecía brotar de la niebla, del agua helada,
para encender apenas el hueco de una mano,
un claro entre los tilos.
Iba solo, sintiendo el crujir de la nieve
bajo las botas,
mirando escaparates, los tejados de cobre,
y no pensó que luego vendrían las preguntas.
Caminó mucho tiempo, demasiado,
como si le moviera una culpa inconcreta, indetectable,
que sólo cobraría forma si la acataba,
hasta que la ciudad se le metió en los huesos como el frío:
terquedad, zigzagueos, el polen de la diferencia
trasmutado en asombro. Pero ahora,
mientras se anuda la corbata
y arquea un ojo apreciativo,
ya no está tan seguro.
El abrigo en la cama, la bufanda, los guantes,
son síntomas de ajenidad, y fuera
todo es como en el sueño que tuvo alguna vez:
charcos de sombra y nieve amontonada,
coches que avanzan lentamente, como sonámbulos,
bajo la luz anaranjada de las farolas,
calles en calma que son el molde de sí mismas.
¿De verdad está aquí? Y, sin embargo,
todo es real, lo ve, puede tocarlo,
y el espejo le apremia con su licor altivo.
Es hora de salir; hora de verse
con la mejor versión de su futuro,
en este laberinto que la estación sostiene
con mano de hierro. Un viento negro
lo sorprende en la puerta, entonces, un soplo
como venido del reverso del mundo,
y él recoge y apila sus propios fragmentos,
esta sangre de pronto vulnerable,
antes de reponerse y seguir andando.
Nada es nunca como lo concebimos.
Pero también: la vida
sabe ganar la espalda a sus peores augurios.
Entre fachadas escuetas que la noche agiganta
un extraño se sube el cuello del abrigo.


para Joaquín Gallego





El autor de este poema se va de viaje, no tan al norte como su protagonista, pero sí lo bastante lejos como para que esta bitácora se tome unos días de descanso. Volveremos en abril, como la feria. Este tiovivo no puede quedarse quieto mucho tiempo. Hasta entonces.

lunes, marzo 26, 2012

anuncio x tres



 

El miércoles pasado tuve la oportunidad de volver a Definición de savia, el programa de poesía de Radio Círculo (100.4 FM). Gracias a la amable invitación de sus responsables, los poetas Esther Ramón y Juan Soros, hablé de John Burnside y de Conjeturas y esperanza, la antología de su obra que acaba de publicar Pre-Textos. El resultado fue una charla extensa, distendida, que duró casi cincuenta minutos y en la que abordamos algunos de los aspectos centrales de esta poesía. Las preguntas, como siempre, fueron un lujo: exigentes y precisas. Las respuestas no están a su altura, pero cumplen (creo) con lo que se les pide: acercar la poesía de Burnside a los lectores. Puede escucharse aquí.




Acaba de aparecer en la revista virtual griega Vakxikon una muestra de poesía española, digamos, contemporánea (el adjetivo joven, estando yo presente, sería una broma). La ha preparado y traducido Ati Solerti con el asesoramiento del también poeta y traductor Mario Domínguez Parra, y en ella están incluidos un puñado de buenos poetas a los que admiro profundamente: Francisco León, Bruno Mesa, Iván Cabrera Cartaya… Tengo el honor de que aparezcan tres poemas míos casi inéditos: «Una vida», «Entonces» y «Con los ojos abiertos a la orilla del mundo». Aunque lo que más me gusta (qué le vamos a hacer, uno es así de niño) es ver mi nombre en griego: Τζόρντι Ντόθε. Me dicen los que saben que las traducciones de Solerti son espléndidas...




Hace un par de meses se publicó en El Cuaderno del diario La Voz de Asturias un pequeño dossier dedicado a John Ashbery con motivo de la traducción que el poeta estadounidense ha hecho de las Iluminaciones de Rimbaud. Además de su prefacio a la edición británica (un texto breve pero enjundioso en el que se define muy bien la peculiar forma de modernidad del poeta francés), dimos seis poemas inéditos y algunos collages de Ashbery. Venía todo precedido por unas pocas líneas en las que quise explicar el vínculo entre ambos escritores.

Ahora, pasado un tiempo prudencial, el poeta argentino Osvaldo Picardo recupera todo el material y lo ofrece en su revista/bitácora virtual La Pecera. Era complejo ordenar cada sección y darle un espacio propio en la estructura lineal del blog, pero Osvaldo lo ha logrado con creces. Tal vez esté mal que yo lo diga, pero el resultado es espectacular.
 

martes, marzo 20, 2012

karl kraus / 3 aforismos





Literatura actual: conjunto de recetas prescritas por los pacientes.


Una de las dolencias más extendidas hoy en día es el diagnóstico.


Anestesia: heridas sin padecimiento. Neurastenia: padecimiento sin heridas.

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Leyendo The Body in the Library, una erudita y apasionante compilación de textos literarios sobre enfermedad y medicina editada por el poeta Iain Bamforth (en la que sólo faltan, como es habitual en los libros de autores británicos, algunos escritores de habla española), me encuentro con un puñado de astutos aforismos de Karl Kraus. Copio tres de ellos aquí; el primero, en concreto, me parece todo un hallazgo.

lunes, marzo 19, 2012

monósticos / 4



Foto: Juan Ignacio Cortés Carrasbal


No era el río lo que sonaba.
Era el viento en los árboles, su promesa de lluvia.
Vuelve de pronto, tras la cortina de los meses.
El color de los chopos era el color de la paciencia.

miércoles, marzo 14, 2012

cummings / mi dulce vieja etcétera



Venus Oak

  
mi dulce vieja etcétera

mi dulce vieja etcétera
tía lucy durante la última

guerra podía y lo que es
más lograba contarte con exactitud
por qué razón luchaba todo el

mundo,
mi hermana
isabel tejió cientos
(y
cientos) de calcetines sin
mencionar las camisetas a prueba de pulgas las orejeras

etcétera muñequeras etcétera,mi
madre esperaba que

yo muriera etcétera
valientemente por supuesto mi padre solía
quedarse ronco hablando de cómo era
un privilegio y si sólo él
pudiera entretanto yo

mismo etcétera yacía hundido
en el lodazal et

cétera
(soñando
et
….cétera,con
Tu sonrisa
ojos rodillas y tu etcétera)




traducción JD / el original, aquí.

domingo, marzo 11, 2012

tres de una pareja perfecta





Déjalo estar. Aunque sólo le trajeras un vaso de agua, se las arreglaría para terminar ahogándose.



Cada vez que bosteza sale despedido hacia atrás.



Hasta que un día, como del vientre de una ballena, el mundo nos expulsa.

viernes, marzo 09, 2012

fragmento

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Si tuviera que definir mi relación actual con las palabras, diría que empieza a ser como la del niño que, abrumado por el exceso de regalos, se entretiene jugando de manera inconsciente con lo más sencillo que encuentra: una caja de cartón, una pelota de goma, un muñeco al que le faltan piezas. De algún oscuro modo, sabe que el juguete no es el juego, sólo un medio para llegar a él. Todos sus resortes y absurdas complejidades lo agotan antes de empezar y prefiere algo más fácil, algo con lo que trabajar. Algo incompleto, pues. Por lo mismo, me interesa el poema sólo si da pie a la poesía, si me conduce hasta ella. La pretensión contraria –que el poema en sí contiene a la poesía o equivale a ella– me parece no sólo aburrida o monótona sino también engreída, de una presunción que no se compadece demasiado con las cualidades de espera, atención y humildad que, sin pensarlo demasiado, de manera más intuitiva que razonada, he aprendido a asociar a la escritura.

miércoles, marzo 07, 2012

mutatis mudandis



La Academia Francesa no sirve para nada. Su diccionario no tiene autoridad, su gramática está inconclusa. Por otro lado, tampoco es que moleste a nadie. ¿Por qué tomarla con esta querida antigualla, una de las curiosidades más folclóricas e inglesas que conservamos? No hay razón para estar en contra de estos hombres de muchas o pocas letras que se ciñen la espada y baten el tambor… basta, por supuesto, con permanecer fuera. Del mismo modo que no hay por qué pertenecer a los Horse Guards para divertirse con el desfile del cambio de guardia de Buckingham Palace.

Julien Gracq, Capitulares

lunes, marzo 05, 2012

monósticos / 8



José María Sicilia



Comenta que está bien, que ya pasó.
Tiene la espalda señorial, casi olímpica.
Luego la voz le cambia, de pronto, y todo es antes.
Viene de un duelo colectivo, de un aquelarre blanco.
No es posible dejar de ser lo que uno fue.
O también, esa puerta que se abrió sigue abierta.
Así empiezan los cuentos: un niño se pierde en el bosque.
Si algún pájaro habló con él, no lo sabemos.

sábado, marzo 03, 2012

valverde + burnside


Álvaro Valverde escribe por extenso, y por profundo, sobre la antología de John Burnside que acaba de ver la luz en Pre-Textos. No sólo consigue reunir en las mismas líneas a Aníbal Núñez, Adam Zagajewski y Arthur Terry, sino que resume con emocionante perspicacia las líneas maestras de la poesía de Burnside. Gracias, caro. Es un honor contar con amigos y lectores así, generosos y alertas, que siempre esperan con interés lo que uno quiere compartir con ellos. Para celebrarlo, ahí va otra miniatura del poeta escocés; un poema de su primera época, la huella verbal de una epifanía que, en su caso, suele tener lugar en invierno, bajo la luz más tenue del frío.




Ocho de la mañana, cerca de Chilworth

Algo ha cruzado la campiña,
una serie de huellas de garras
llenándose de agua color ciruela;

las estaciones se suceden durante millas:
una sola blancura enhebrándose al sol;
allá en el bosque

los zorzales cantores hacen temblar la nieve
sobre los avellanos, y la mancha que deja
la raposa es un eco de las fábulas

que los niños se cuentan al regresar a casa:
incrédulos a medias, deslizando los dedos por el vidrio,
duplicando cada copo de nieve con su brillo interior.


trad. J. D.

jueves, marzo 01, 2012

julien gracq / capitulares





Dos tipos de escritores: los que se levantan por la mañana y se mueven o pasean descalzos (Diderot, Stendhal), y los que sin pensarlo se atan los lazos de su coturno en una especie de acto reflejo (Hugo, Claudel). Nos equivocaríamos al pensar que unos son más naturales que otros. Nuestra literatura no es más que un poblado colonial donde los pies desnudos y los zapatos de tacón se cruzan: a la larga, unos y otros dejan de verse. Y aun junto a la chimenea hay mucha gente que no soporta las zapatillas.



Psicoanálisis literario... crítica temática... metáforas obsesivas, etc. Qué decirles a esa gente que, creyendo estar en posesión de una llave, no dejan de disponer tu obra en forma de cerradura.



El comportamiento privado del lector cara a cara con el escritor: determinado por presentimientos, inducciones vagas y un tacto fisonómico tan sutil como el que te lleva a abordar a una mujer en la calle. Escritores célebres o poco célebres que «reciben cartas»; otros, igual de célebres o de poco célebres, que nada reciben.



Tabúes literarios: Toda época es testigo de un grupo de escritores -en ocasiones de segunda fila- a los que durante un tiempo nadie se atreve a atacar ni a criticar en medio de la universal malevolencia parisina, como si una armadura de arcángel los protegiera. Al verlos, lo primero es descubrirse, en confianza, como si estuviéramos en un entierro.
 .......Le sigue una primera picadura, y el olor de la sangre flota de repente sobre las aguas. Prevenidos no sabemos cómo, nubes de tiburones acuden desde el fondo del horizonte, y ninguno se despide sin antes haber obtenido su bocado: se despedaza.



¿Y ustedes me preguntan qué pienso de mis propios libros?  Cosas infinitamente mejores, e infinitamente peores, de las que ustedes piensan.



Gentes por lo demás delicadas y decentes, y que de seguro no soñarían jamás con abordar a un desconocido (que acaba de serles presentado) con la pregunta: «¿Qué, todavía enamorado?», se creen no obstante obligadas a decir desde el inicio, como si fuera un gesto de cortesía: «¿Y qué, tiene algún libro en curso?»



Están los libros buenos y los libros malos. Pero el escritor, que es también un lector, introduce una categoría como mínimo escabrosa: los libros que, si bien profesa admirar como todo el mundo (y no hay por qué dudar de su buena fe), no se perdonaría jamás haber escrito. A éstos se suman los libros –infinitamente más raros, sin duda– que no admira y que, sin embargo, piensa le honraría haber escrito. Categorías vergonzantes, casi epidérmicas, propias del escribano, que son al gusto un poco lo que el deseo al amor, y que desde luego no están hechas para simplificar las relaciones siempre volubles y en ocasiones crapulosas que el literato mantiene con la literatura.


Traducción de J. D.

Más sobre Julien Gracq, aquí.

domingo, febrero 26, 2012

una mano



© Sean Mackaoui



Todo lo que escribe es como un solo mensaje interminable en el que, entre disculpas y frases de cortesía, posterga una y otra vez la cita que tenía consigo mismo.



Amigos como anclas, sí, pero que nos permitan oscilar, movernos con la marea.



Inventa personajes de ficción para que hagan de árbitros o mediadores entre los vivos, para permitir que hablen entre sí.



Nunca está donde se le espera. No se le espera en ningún sitio.



Aún estás demasiado lejos. Puedo verte de cuerpo entero.


jueves, febrero 23, 2012

ayuda de bly



Biblia de Holkham
Noé liberando una paloma y una corneja, c. 1320-30




Dónde debemos buscar ayuda

La paloma regresa; no halló descanso en ningún sitio;
voló toda la noche sobre los mares encrespados;
bajo los aleros del Arca
la paloma engrandecerá el lecho del tigre;
dad paz a la paloma.
La golondrina de cola bifurcada deja el alféizar al amanecer;
volverán a la tarde golondrinas azules.
Al tercer día el cuervo alzará el vuelo;
el cuervo, el cuervo, el cuervo del color de la araña,
el cuervo hallará nuevo fango donde caminar.




El original, aquí.



En otra ocasión he hablado de Robert Bly (1926), el autor de uno de los mejores primeros libros de la poesía norteamericana, Silence in the Snowy Fields (1962; Silencio en los campos nevados): una curiosa mezcla de sencillez expresiva, sensibilidad oriental y esa claridad misteriosa que surge de no decirlo todo, de manejar con sabiduría las elipsis y los silencios.

Quizá no tan conocido es un ensayo de revelador título (Un desvío equivocado) que publicó al año siguiente, en 1963, y en el que atacaba la herencia de Eliot y Pound, el carácter alusivo y hasta hermético de cierta vanguardia angloamericana, para propugnar un regreso a una escritura más directa y explícita en la que las emociones no quedaran aplastadas bajo el peso de la erudición, no se perdieran en los laberintos de la ambigüedad, la cita culta y las referencias esotéricas. Aunque partía de un malentendido más o menos grosero (¿es que no hay emoción y energía a flor de piel en La tierra baldía o Cuatro Cuartetos?), la idea original no era mala, pero Bly se hizo un lío al invocar en su ayuda el ejemplo de poetas tan distintos como Rilke, Machado, Vallejo, Neruda, Juan Ramón o Tranströmer. A sus ojos (u oídos) de joven poeta americano, todos aquellos escritores venían de un mismo lugar, eran asimilables a una misma tradición que se contraponía a la suya propia y resultaban, por tanto, indistinguibles. En realidad, lo mismo nos pasa a nosotros cuando metemos en el mismo saco (o les asignamos un dorsal en el mismo equipo) a todos los poetas de habla inglesa. Cosas de los malentendidos entre culturas. Nos vemos desde orillas contrarias de un mismo mar y así nos cuesta distinguir las caras de los que importan.

Por lo demás, el propio Bly tampoco se ha librado de cultivar la alusión mítica y de hacer poemas con su punto de hermetismo. Un ejemplo es esta miniatura de su primera época que, como él mismo ha explicado en su libro A Little Book on the Human Shadow, «se refiere a la historia de Noé, aunque tomé las imágenes de una versión anterior compuesta por los babilonios, en la que tomaron parte tres pájaros». Uno de esos pájaros era una corneja, que Bly convierte en cuervo, un cuervo negro al que le complace mancharse, que desconfía de las ideas de pureza y de blancura encarnadas en el símbolo de la paloma y prefiere, como el cuervo de Ted Hughes años después, graznar y revolcarse en el fango. Para Bly, este poema tiene una lectura psicoanalítica evidente: «El poema llegó dos o tres años después de la universidad, y parece decir que si algo podía ayudarme a salir de mi sufrimiento, ese algo vendría del lado oscuro de mi personalidad…» Más allá de su circunstancia personal, me gusta pensar, en efecto, que es una invitación a asumir que somos luz y sombra, día y noche, un saco andante de contradicciones que no conviene reprimir en exceso: aceptar el barro puede ser, extrañamente, una forma superior de limpieza.
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martes, febrero 21, 2012

watanabe en lima



Francisco Toledo, Pescado (1971)

Lamento convertir esta bitácora en un tablón de anuncios más pendiente de difundir mis nuevas publicaciones que de guisar palabras en tiempo real, pero a veces se dan extrañas conjunciones y trabajos realizados en fechas muy distintas se imprimen o aparecen al mismo tiempo. Ahora es el turno de «Sueños de arena», una breve lectura de «El lenguado», poema del peruano José Watanabe que suelo trabajar con mis alumnos del Hotel Kafka. Acaba de ver la luz en el último número (el 16) de la revista Nayagua, de la Fundación José Hierro, y ahora tiene el honor de estrenar la bitácora del Festival de Poesía de Lima (el FIPLIMA), que tendrá lugar entre el 29 de marzo y el 1 de abril con la asistencia, por parte española, de Juan Carlos Mestre, Rodolfo Häsler, Manuel Vilas y un servidor. Un honor, sí. Todo gracias a la generosa hospitalidad de un equipo capitaneado por Renato Sandoval, el único poeta peruano-finés que conozco y uno de quienes mejor me enseñó Lima cuando la visité hace dos primaveras. Mientras llega la hora de volver, bien está entretener la espera releyendo al gran Watanabe.

domingo, febrero 19, 2012

5


 
Escribe como si buscara el conjuro, la contraseña mágica, que le abriera las puertas de sí mismo.



Qué gran alivio cuando desobedece las expectativas de sus maestros. Qué inmenso alivio cuando corteja deliberadamente su enfado.



Allí las sombras sirven para enterrar a los muertos.



Tiene opinión para todo. Cada vez que abre la boca, una púa de erizo le brota de la piel.



Nostalgia de ser un extraño, alguien a quien se habla con gestos para que comprenda, que despierta sonrisas y meneos de cabeza más o menos hospitalarios.
            Las palabras, mejor más adelante, cuando uno comience a asentarse. Ahora parecen prematuras o están de más. Mejor un guiño, la mímica del recién llegado.

miércoles, febrero 08, 2012

yeats / heaney / minerva





Está ya en las librerías el número 19 de la revista Minerva del Círculo de Bellas Artes, correspondiente a este primer cuatrimestre del 2012. Y no sólo en las librerías, porque hoy mismo se ha colgado íntegramente en la página web del CBA. Un número tan bien surtido que es casi un prodigio (puedo decirlo, que conste, porque yo no la coordino), con páginas dedicadas al trabajo de artistas magrebíes contemporáneos, una entrevista con el poeta francés Bernard Noël (de quien se ofrecen poemas inéditos) a cargo de Miguel Casado y Olvido García Valdés, otra (un rescate de hace años) con Olivier Messiaen y una tercera con la gran Cristina García Rodero, una conversación entre Miquel Barceló y Alberto Anaut… Sin olvidar un breve artículo de Nacho Vegas sobre Bob Dylan y el lúcido ensayo que el crítico japonés Shigeiko Hasumi dedica a John Ford.

Por la parte que me toca, he tenido la fortuna de poder coordinar un pequeño dossier dedicado a William Butler Yeats con motivo de la exposición que la Embajada de Irlanda organizó en el CBA la pasada primavera, coincidiendo con el Día del Libro. Y qué mejor para dar consistencia a esas páginas que una colaboración de Seamus Heaney: un viejo ensayo de finales de los años ochenta en el que habla del vínculo de Yeats con el lugar, en concreto con la torre normanda que compró en 1916 y que figura con tanta fuerza en su poesía de madurez (hasta el punto de dar título a uno de sus mejores libros, La torre, publicado en 1928).

Todos recordamos aún la espléndida edición de la Poesía reunida de Yeats que Antonio Rivero Taravillo publicó hace cosa de año y medio en Pre-Textos. Pero la poesía, que es lo más importante, no lo es todo, y quedan aún por difundir buena parte de los dramas teatrales que dio a la escena a lo largo de su vida. El último de ellos, y quizá uno de los más terribles, es Purgatorio, escrito en 1938, poco antes de su muerte. Es asombroso, en verdad, que Yeats, casi a punto de cumplir los setenta, escribiera una obra tan intensa y fulgurante como este breve drama de un acto, en verso, cruzado por la idea del eterno retorno y un fatalismo pesimista que no puedo evitar relacionar con aquellos famosos versos de «El segundo advenimiento»: «los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores / están llenos de brío apasionado».

Me he dado el gusto, sí, de poder traducir ambos textos para la revista: un privilegio y un homenaje. Os invito a leerlos en pantalla y, si os gustan, a comprar la revista. Pero, en realidad, os invito a leer todas y cada una de las páginas de este número de Minerva. Hay joyas ocultas a cada paso.

lunes, febrero 06, 2012

conjeturas y esperanza



(pulsa sobre la imagen para aumentarla)


El feliz alumbramiento tuvo lugar, finalmente, el pasado jueves 2 de febrero a eso del mediodía, después de un parto bastante más largo y trabajoso que de costumbre. Nació el niño robusto y saludable, con un peso de 424 páginas, bajo el influjo astral de la Cruz del Sur. Sus padres. Sr. Doce y Sra. Pre-Textos, rebosamos alivio y satisfacción.

miércoles, febrero 01, 2012

ch.


Ayer, en un ensayo del poeta Robert Bly, esta frase (aguda, ejemplar) de Winston Churchill: «He tenido que comerme muchas de mis palabras, y me ha parecido una dieta muy nutritiva».
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miércoles, enero 25, 2012

wilmer / pilinszky / van gogh

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La plegaria de Van Gogh

Una batalla perdida en los trigales
y en el cielo una victoria.
Pájaros, el sol, y de nuevo pájaros.
De noche, ¿qué quedará de mí?

De noche, sólo una hilera de farolas,
un muro de arcilla pálida que brilla,
y al fondo del jardín, entre los árboles,
como velas puestas en fila, las ventanas;

Allí habité una vez y ya no habito;
no puedo vivir donde una vez viví, aunque
el techo allí solía cubrirme.
Señor, tú me cubrías hace tiempo.




He perdido la cuenta de los poemas que se han escrito sobre o a partir de Van Gogh. Pero esta miniatura del húngaro János Pilinszky (1921-1981), traducida a su vez por el poeta inglés Clive Wilmer (de quien conocemos en España una muy sugerente antología editada por Misael Ruiz: El misterio de las cosas, Trea, 2010), me ha conmovido por su sencillez, el modo casi imperceptible con que dibuja la escena, el instante, y nos acerca las emociones de su protagonista. A diferencia de «Adiós a Van Gogh» de Charles Tomlinson, Pilinszky no toma partido estético ni se pronuncia sobre el arte del pintor; le interesa la estampa impresionista, crear un ambiente, esbozar apenas la entraña de melancolía de ese eterno exiliado que fue Van Gogh, alguien para quien el pasado, por muy inmediato que fuese, era siempre una puerta cerrada.

Creo que pocas veces había realizado una traducción tan literal, en la que bastaba con seguir la sintaxis y el movimiento del original para crear una atmósfera semejante o análoga en español. No es lo habitual, desde luego. También es cierto que he partido de una traducción inglesa, aunque Wilmer parece haber quedado tan satisfecho del resultado que da el poema como propio en su reciente New and Collected Poems (por eso, en realidad, me he atrevido a retraducirlo). En fin, si tuviera que reducir el conjunto a un solo verso, creo que me quedaría con esta imagen, que tiene para mí algo de emblema y de refugio: un muro de arcilla pálida que brilla.

Por cierto, para quien tenga interés, las traducciones de Janos Pilinszky que Wilmer y George Gomori han ido realizando a lo largo de los años acaban de publicarse en un solo volumen con el título de Passio (2011). El libro lo publica la espléndida editorial independiente Worple Press, dirigida con mano maestra por Peter y Amanda Carpenter.

El original, aquí.
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sábado, enero 21, 2012

havel / distanciamiento


Días de prisas y ajetreo, de trabajos pendientes y compromisos que no admiten demora. Como ya he pasado por estos trances más de una vez, sé bien que es cuestión de inclinar la cabeza, aplicarse y olvidar que hay un mundo ahí afuera. Ese mundo incluye, cómo no, esta bitácora, que apenas he tocado desde que empezó el año. Os ruego me disculpéis. Parece que el chaparrón comienza a escampar, así que espero ir activando la página a lo largo de la semana que viene.

El otro día mi buen amigo Ricardo Bada me hizo llegar, remitido a su vez por la escritora Ana Nuño, un poema visual del gran Vaclav Havel que se ajusta como un guante (un guante irónico y algo guasón, desde luego) a este «vivir sin vivir en mí» en el que ando sumido desde hace semanas, esta sensación de no estar del todo en o conmigo mismo. Se titula «Distanciamiento» y en el original checo aparecían las letras j y a, es decir: ja. Lo he traducido con la ayuda de San Jerónimo Photoshop y el resultado es este.

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jueves, enero 05, 2012