domingo, abril 13, 2014

charles simic / el mundo




Supongamos que fuera un árbol
en una calleja apartada
con una pequeña taberna
donde un letrero de neón
brilla con la palabra «frío».
Es verano, y cae la noche.

Dentro hay un único cliente
que tiene el rostro de mi padre.
Está inclinado sobre un libro
de caracteres diminutos,
ajeno al barman que le acerca
una taza de café negro.

Tengo infinitas hojas, pero
ninguna se atreve a moverse.
No hay duda, estamos embrujados.
Nada en el mundo nos atañe.


versión J.D. / dibujo de loustal

2 comentarios:

Vicentin martínez dijo...

fantastico, muy bien llevado, esa manera de deslizar las palabras y llevar el texto hacia el final.

Jordi Doce dijo...

Gracias, amigo. Saludos, J12