lunes, junio 02, 2014

ruskin / sobre el trabajo





Sabemos a ciencia cierta que entre los planes de Dios no está el que los hombres vivan en este mundo sin trabajar; pero me parece no menos evidente que Su intención es que los hombres sean felices en su trabajo. Está escrito que «con el sudor de tu frente» comerás pan, pero no «con el dolor de tu corazón»; y descubro que, si por un lado, ríos infinitos de miseria nacen de la existencia de gente ociosa que no hace lo que debe y que despierta toda clase de conflictos en asuntos que no son de su incumbencia, por otro, un río no menor de miseria nace de gente infeliz y abrumada por el trabajo, por la sombría idea de trabajo que se forjan y que inoculan en los demás. Incluso si esto no fuera cierto, creo que el hecho de que sean infelices es por sí solo una violación de la ley divina, un síntoma de locura o de pecado en su forma de vida. Ahora bien, para que alguien sea feliz en su trabajo se precisan tres cosas: debe estar cualificado para su tarea; esta no debe ser excesiva; y ese alguien debe sentir que la ha culminado con éxito; no una percepción dudosa que necesite del testimonio o la confirmación de otras personas, sino la certeza, o más bien el conocimiento, de que ha cumplido bien y de manera productiva con su tarea, sin importar lo que piense o diga el mundo. Así pues, para que una persona sea feliz no solo hace falta que sea competente, sino también que sepa enjuiciar su propio trabajo.


4 comentarios:

Víctor L. Briones Antón dijo...

Con la que está cayendo, mentiras de punta, creo que nos traes una reflexión muy pertinente.

Carlos Izquierdo dijo...

Este texto lo voy a enmarcar y a colgar bien visible en la pared de mi habitación. Es una sensación que siempre he tenido, pero sin ponerle palabras. Gracias por traerlo aquí.

Alfredo J. Ramos dijo...

Ya lo creo que es pertinente. Cuando el trabajo se convierte en un bien tan precario que acaba marcando la línea divisoria entre el ser y el no ser social, es muy fácil confundirse y considerar un bien en sí mismo lo que muchas veces es sólo una tortura cotidiana. El texto de Ruskin, incluso desde su perspectiva religiosa y providencialista, es muy esclarecedor.

Unknown dijo...

Hola Jordi, hace unos días te envié un mensaje por el FB. ¿Lo has recibdo? Un abarzo Osvaldo Picardo