lunes, agosto 28, 2006

todos nosotros, de raymond carver

Entre las novedades literarias que nos reserva septiembre, quiero destacar sobre todo una amplía antología de la obra poética de Raymond Carver, traducida y prologada por mi buen amigo Jaime Priede para Bartleby Editores. El volumen se titula Todos nosotros, traducción literal del original inglés, All of Us. Jaime ha hecho un trabajo espléndido desde aquellas lejanas (en el tiempo) versiones de Carver que publicó en los cuadernos de Nómadas con el título de Donde hayan vivido. Ya entonces estaba claro que las ediciones de Visor eran muy poco fiables: faltaban poemas, o versos y pasajes de esos mismos poemas, como también ocurre, por otro lado, en Páginas de la herida, de John Berger: mi edición inglesa tiene poquito que ver con la editada por Visor. Hace escasos días Jaime volvió a reiterarme su sorpresa al descubrir todas las "manipulaciones" de que había sido objeto la poesía de Carver en su viaje a España: darían para un buen ensayo ilustrativo. No es cuestión de unos pocos errores, o de diferencias (legítimas) de lectura e interpretación, sino de verdaderos atentados a la integridad del texto original.

Así que la edición de Jaime es, con mucho, la más amplia realizada hasta ahora de la poesía de Carver; y también, lo repito, la más fiable, tanto en lo que hace a los poemas incluidos como a su traducción española. Los lectores de Carver estamos de enhorabuena, pues. Con el permiso de Jaime y de la editorial, cuelgo aquí la portada del libro y uno de los poemas que abre el libro, el espléndido "Tu perro se muere". Creo que da una idea muy acertada del tono de la poesía de Carver, de esa aparente sencillez en la que siempre se cuela una ráfaga de amenaza, de turbiedad inquietante.


Raymond Carver

TU PERRO SE MUERE

lo atropella una furgoneta.
lo encuentras a la orilla de la carretera
y lo entierras.
te sientes mal.
te sientes mal por ti mismo,
pero te sientes peor por tu hija
porque era su mascota
y lo quería mucho.
solía canturrearle
y lo dejaba dormir en su cama.
escribes un poema sobre ello.
lo titulas un poema para tu hija
y trata del perro al que atropella una furgoneta,
de cómo te ocupaste de él,
lo llevaste al bosque
y lo enterraste hondo, muy hondo,
y el poema sale tan bien
que casi te alegras de que hayan atropellado
al pobre perro, si no, no habrías escrito
nunca ese poema.
entonces te sientas a escribir
un poema sobre la escritura de un poema
que trata de la muerte de ese perro,
pero mientras escribes oyes
a una mujer gritar
tu nombre, tu nombre de pila,
ambas sílabas,
y tu corazón se para.
dejas pasar un rato y vuelves a escribir.
ella grita de nuevo.
te preguntas hasta dónde puede llegar.

Versión de Jaime Priede

1 comentario:

Índigo dijo...

Genial. Vuelvo al principio. A sorbos, o sorbitos, según el día, vuelvo a leer y a degustar. Abzo.