domingo, noviembre 15, 2009

looking for someone

Días como hoy, un domingo de mediados de otoño, cuando el parque se convierte en un inmenso panal de gentes muy diversas, en el que me parece que bastaría con fijarse por turnos en cada persona o grupo humano para reconstruir casi por entero el abanico de nuestras acciones y actitudes: miradas de desdén o indiferencia, carreras alegres, gestos de inquietud, distancias invisibles que sostienen el andar de una pareja, sonrisas y soledades, familias que establecen complejas coreografías de atracción y rechazo…

Basta abrir un poco los ojos para vernos representar, a cada instante, una faceta marcada de nuestra naturaleza. A veces esta riqueza me aturde, se me viene a la cara hasta dejarme sin aliento. Otras simplemente me abandono al flujo, discurro entre rostros y muecas y andares sin dejarme manchar o importunar por su riqueza, parte de un río que avanza hacia ningún sitio, que da vueltas sobre sí mismo hasta adelgazarse o desaparecer con la llegada de las sombras. Cada fragmento de ese río es una imagen de la totalidad, y basta cruzarlo en cualquier sentido para hacerse –literalmente– con los personajes de una novela: un fragmento de mundo arrancado para nuestro examen. Un estudio que es también diversión, formas de pasar el tiempo para que el tiempo no se nos vaya demasiado pronto de las manos. Hasta que torcemos el rumbo y otro fragmento se cruza con nosotros, sin tiempo para desarrollarlo. Todo queda en apuntes, briznas que tan pronto sugieren una hipótesis se dispersan en el aire. Así ocurre cuando no hay tiempo ni paciencia para unirlas más estrechamente.

Cuando quiero darme cuenta ya estoy fuera del parque, camino de casa. Pero mi pensamiento tarda en seguirme, es como un niño que se entretiene rebuscando en un seto mientras sus padres le reclaman diez metros más adelante. Un espacio abierto donde no hago pie y en el que aparecen, lentamente y con esfuerzo, estas palabras. Un poco de tierra tapando los baches.

2 comentarios:

Alfredo J. Ramos dijo...

Continuidad de los parques en la trama del hilo mental. Son lúcidos estos paisajes interiores precipitados al calor de una imagen meditada. Subrayan la conciencia del fragmento frente a la seducción de la (imposible pero no impensable) obra total o vida. Hilo, en fin, de cometa: hace posible el vuelo.
Me alegra tu vuelta, Jordi. Ya ves que te echábamos de menos todos, hasta el gato...

Jordi Doce dijo...

Gracias, Alfredo. Hasta yo me echaba un poco de menos, me había extraviado a mí mismo en un laberinto de trabajos pendientes y líos varios.

Un abrazo, j12