lunes, diciembre 27, 2010

leyendo a x

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En nuestra relación con los maestros hay siempre un cupo de temor reverente, pues sacan a la luz todas nuestras carencias. Hay una forma, sin embargo, de hacerles frente o de esquivar su abrazo irrespirable, y es tomar un camino (ese, precisamente) que revele las suyas.
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1 comentario:

Alfredo J. Ramos dijo...

Ya me gustaría ya ver despejada esa equis... Cábalas no faltan. Felices días, Jordi.