lunes, febrero 21, 2011

collage

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Sí, podría perderse en esta honestidad. Alzar en el cuaderno la gráfica de una convalecencia, el otoño invertido, la granja donde sanan los caballos lisiados. Trata de capturar lo que le elude. A duras penas, lentamente, como quien disimula su borrachera en público. El avión ha caído detrás de las líneas enemigas y no entiende el idioma. Camina por el bosque durante horas y todo el tiempo piensa: Esa suerte de paz que da el valor en la ausencia de paz. Dos semanas de tregua, y la vida no ha comenzado aún. La sombra fiel, que guarda las distancias. El temor a creerse sus propias invenciones. ¿Desde cuándo fue un hombre este simple latido, esta ocurrencia? Conócete a ti mismo, le decían. Pero ningún consejo podrá nunca con lo real. Son las secuelas de la fiebre. La inercia de las venas. Hunde el rostro en el frío de una verja imaginaria y mira más allá, donde la escoba huraña de los árboles se confunde con la neblina. Oye gritos de niños en la cancha de baloncesto, detrás de los laureles y las zanjas infestadas de ortigas. El murmullo del tráfico a lo lejos, junto al puente de hierro. Claridad y ceguera. Y todo a su debido tiempo, cuando no importe. Como leyó una vez: Esperamos la caída final; pero, durante la caída, dos opciones: cerrar los ojos o admirar el paisaje.
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4 comentarios:

Índigo dijo...

Admirar el paisaje, desde la ceguera, o desde la intemperie de la ceguera, y hacer collages con los verdes, esperando que un pequeño punto, al observar las risas de los niños que juegan, nos devuelvan una mirada nueva.

Anónimo dijo...

Muy interesante esta nueva escritura. Augura grandes textos.

josé maría castrillón dijo...

Me resulta este poema uno de los más hermosos de su autor. Se trata de un texto que justifica toda una dedidación. Y aún más si abre venas poéticas nuevas. Enhorabuena.

Jordi Doce dijo...

Gracias, amigos--y José, me conmueve que veas en estos textos el comienzo de algo distinto, y también una suerte de confirmación. Gracias por estar ahí! Abrazos, J12