sábado, febrero 12, 2011

vuelta a empezar

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Es curiosa esta melancolía que sucede a la terminación de un libro, en especial cuando ese libro ha sido el lugar de las confesiones oblicuas, el marco del retrato intermitente y sucesivo de uno mismo. Uno ha hecho su casa ahí, se ha guarecido con palabras que han ido apilándose y entrelazándose con el tiempo, y vive –y escribe– como aquel explorador ártico que veía cómo las paredes de hielo de su iglú se espesaban con su aliento hasta cerrarse sobre él. La casa de palabras, el libro escrito y rescrito hasta la extenuación, tiene algo de útero que termina echándonos de nuevo al mundo. Pero quien sale expulsado no es, claro está, el mismo que empezó la casa. Esta expulsión es un nuevo nacimiento, un recomenzar dentro de un proceso de aprendizaje que, en sentido estricto, es interminable y aboca al escritor a ser el hijo, una y otra vez, de los libros que termina.

Es una empresa paradójica. El libro se sirve de nosotros para existir, y una vez finalizado nos echa de su lado como el animal que aparta a su cría tras alumbrarla. Somos padres e hijos a la vez de nuestra escritura. De ahí esa sensación de orfandad, de un tiempo más o menos prolongado en la intemperie del mundo, que sobreviene cada vez que cerramos un libro. Un desamparo hecho de soledad, incertidumbre y no poca violencia interna. Hay que empezar de nuevo, cambiar de costumbres y hasta de horizonte, plantarse sobre la tierra y olfatear el aire en busca de nuevos pastos. Y en eso estamos.

10 comentarios:

ana dijo...

gracias

Leo dijo...

Qué modo más acertado y sensible de describir ese instante, la relación con el libro. Me he sentido muy identificada y eso supone algo de consuelo. Gracias por compartirlo. Un saludo.

A dijo...

Creo que eso es lo que hace bueno a un libro, no poder olvidarlo en las semanas que siguen a su lectura.

Jorge Fondebrider dijo...

Muy buena la forma en que lo planteás, Jordi. Ahora vendrá la ajenidad que te irán trayendo los días hasta que leas los poemas que escribiste como si fueran de otro y alguna vez te sorprendan. Un saludo cordial.

Anónimo dijo...

Qué interesante eso que dice Jorge Fondebrider. ¿Os pasa eso de verdad? ¿Realmente un poeta puede llegar a contemplar sus poemas, tras un cierto tiempo, con extrañeza y parecerle que no los ha escrito él?

Vuelve pronte, Jorge...;-), aunque ya no pueda comentar os sigo leyendo ;-).

M.

Comunicació sense Fronteres dijo...

Estimado Jordi Doce,
Me llamo Xelo y llevo un tiempo queriendo hacerte una consulta. No estaba segura de cuál sería el espacio adecuado así que espero que no te importe que lo haga aquí.
El pasado 7 de octubre se difundió en Channel 4 News un poema inédito del poeta Ted Hughes que al parecer un investigador – Melvin Bragg- había localizado con la ayuda de Carol Hughes entre los papeles del poeta en el archivo de la British Library. Se publicó en papel en The New Statesman pero me ha sido imposible dar con él. En el periódico me informaron de un blog donde ha sido transcrito. Parece ser que Hughes no lo dio por terminado y por eso quizá no lo incluyó en Birthday Letters. Doy por hecho que conoces todo lo referente a este poema que se titula Last letter y que resulta de una belleza y un dramatismo realmente sobrio y estremecedor. ¿Podrías decirme si hay alguna fuente fiable donde encontrar el poema? Si te parece puedo enviarte la versión original que tengo. Hice una traducción pero me atormenta encariñarme aún más con un texto que quizá esté incompleto o, peor aún, alterado. Si no lo has traducido ya te sugeriría que lo hicieras. Eso sería estupendo. En ese caso me permitiría abusar un poco más y preguntarte sobre una palabra que me quita el sueño y oscurece un pasaje que me cuesta interpretar. Pero en fin, eso es otro tema.
Espero que no te moleste te haya abordado en tu blog con esta cuestión. Gracias en todo caso por ese espacio virtual que has creado y que sigo con verdadero interés. No me resisto a incluirte los últimos versos del poema. Gracias de nuevo. Hasta muy pronto.
Xelo.

(…) At what position of the hands on my watch-face
did your last attempt,
already deeply past
my being able to hear it, shake the pillow
of that empty bed? A last time
lightly touch at my books, and my papers?
by the time I got there my phone was asleep.
The pillow innocent. My room slept,
already filled with the snowlit morning light.
I lit my fire. I had got out my papers.
And I had started to write when the telephone
jerked awake, in a jabbering alarm,
remembering everything. It recovered in my hand.
Then a voice like a selected weapon
or a measured injection,
coolly delivered its four words
deep into my ear: ‘Your wife is dead.’

Jordi Doce dijo...

A mí al menos me ocurre, M. Decía Juarroz que "fuera del poema el poema me parece imposible". Yo contemplo con extrañeza lo que escribí hace un tiempo; aunque recuerdo bastante bien las circunstancias, el momento y el lugar, de la escritura de un poema o de un fragmento de prosa, termino viéndolo como el producto de alguien que tuvo mi nombre pero que ya no soy yo, aunque lo contenga.

Tu comentario final es enigmático. ¿Por qué no puedes comentar? Gracias a todos por vuestras lecturas, es un placer sentirse así acompañado. Un abrazo, J12

Anónimo dijo...

Gracias por tu respuesta, Jordi.

Es casi increíble para alguien que no escribe poesía pensar que algo así pueda ocurrir. Todos pensamos en el esfuerzo que supone escribir poesía y en los jirones de uno mismo que quedan ahí; tanto más impensable para el no iniciado lo que exponéis. Tiene que ser una sensación extraña...

Perdón, no ha sido muy pertinente por mi parte añadir esa coletilla, sencillamente, haced como si no lo hubiera escrito. Sencillamente le pedía a Jorge Fondebrider que vuelva pronto a retomar el blog del Club de Traductores Literarios de B.A., del que soy fiel lectora... Los echo de menos ;-). De nuevo, me disculpo por la falta de pertinencia.

M.

Jordi Doce dijo...

Hola, M., no pidas disculpas por tu comentario, simplemente me resultaba enigmático. No hay nada que disculpar.

Creo que el poema, muchas veces, tiene algo de tobogán que te arroja a un tiempo y a una disposición de ánimo que están más allá del poema. Dicho más claramente: uno, al escribir el poema, en cierto modo lo deja atrás y pasa a otra cosa. No te olvides que uno pone mucho en el poema, pero también el proceso de escritura da mucho, añade, pone de su parte. Yo releo cosas mías, antiguas, y no entiendo muy bien de dónde vienen ciertos versos, ciertas imágenes.

Xelo, gracias por tu mensaje, que merece una respuesta más demorada y algo de información. ¿Puedo pedirte unos días de espera? Estoy al tanto de todo lo relativo al poema pero me gustaría hacer algunas pesquisas finales a fin de responderte como es debido. Gracias de antemano. Un abrazo a todos. J12

Comunicació sense Fronteres dijo...

Gracias por tu rápida respuesta y por el interés. Será un placer esperar. Un saludo. Xelo.