martes, noviembre 13, 2012

reginald gibbons / poema





insomne en la fría penumbra


Insomne
            en la fría penumbra
miro ante mí
            la oscura puerta
cerrada
            que de-
viene un
            abismo en el
cual mis
            recuerdos han
caído
            más allá de la risa o
el horror,
            la pasión o el trabajo
duro… mis
            recuerdos
de nuestra
            risa, horror,
pasión,
            duro trabajo. Un
dolor de
            ser. Un dolor
de ser,
            en el amor. Un
dolor de estar
            en el
amor. Como
            proyecciones en la
pantalla
            de las pesadas
cortinas
            del ventanal, las luces
destellantes
            de un quitanieves
raspando el firme
            después de medianoche
por un
            momento laten en
este cuarto.





Otro poema de Reginald Gibbons, de su libro Creatures of a Day (2008). No recuerdo por qué razón, quedó fuera de Desde una barca de papel, la antología de su obra que publicamos hace casi tres años. Lo recupero ahora, deslumbrado por su concisión y hondura emocional. Me parece uno de los ejemplos más acabados de su tono más desnudamente lírico: un contraste con las llamadas odas, más narrativas y también más volcadas hacia lo exterior, la ciudad con sus aristas y miserias sin cuento (mejor incontables: para contárnoslas está precisamente el poeta). Aquí, sin embargo, el verso es breve, cortante y al mismo tiempo ágil, como si una mano lo condujera con firmeza hacia su término natural.

Imposible replicar en la traducción el metro de dos golpes acentuales del inglés; he intentado, al menos, que los versos españoles jueguen a establecer combinaciones imparisílabas, que sea posible adivinar la respiración de un heptasílabo o incluso de un eneasílabo tras los diversos encabalgamientos y particiones versales. El resultado es tan intenso como inquietante: un paréntesis en la noche oscura del alma, una hoguera de palabras modestas que alumbra los peores rincones del tiempo, su mala sombra.

El original, aquí.  

2 comentarios:

Índigo dijo...

Así, tantas veces ahora. Y no sólo en un poema.

Jordi Doce dijo...

Sí...