viernes, septiembre 21, 2018

estímulos


Lo primero que noté al volver a la consulta del doctor es que había rejuvenecido. El rostro que daba instrucciones estaba más delgado, más atento, tenía mejor color. Solo había pasado media hora desde nuestro último encuentro, pero el apuro al que debía enfrentarse, el dilema que M. le había planteado durante mi ausencia, lo tenía en ascuas.

Perdido ese aire suyo de calma venerable, como de médico de familia del desarrollismo, hablaba y sonreía y atusaba la montura de las gafas con inquietud sincera, cómplice. Había que actuar con rapidez y así se hizo: llamadas a colegas, instrucciones claras y al caso. Me pareció incluso que disfrutaba de la ocasión, feliz de salir por una vez de su reino de plazos y gráficos y horizontes lejanos. El alivio de lo concreto, sí. Esa gimnasia.


1 comentario:

Indigo Horizonte dijo...

El alivio de lo concreto. Esa gimnasia. Un texto preciso y rotundo. No puedo decir más porque hay textos que se bastan.

Un abrazo grande para ti y para los demás.