jueves, febrero 17, 2022

esplendor en la ruina

 


 

  

José Antonio Llera, El hombre al que le zumban los oídos, Barcelona, RIL Editores, 2021, 68 págs.

 

 

Para encontrar las raíces de este nuevo libro del poeta y ensayista José Antonio Llera (Badajoz, 1971) hay que ir no sólo a su poemario anterior, Transporte de animales vivos, publicado hace ya nueve años, sino al dietario Cuidados paliativos (2017), en el que la ambición reflexiva y el buceo en la memoria familiar y rural se correspondían con una palabra densa y bien trabada, de admirable intensidad plástica. Llera parece haber encontrado en el poema en prosa el cauce idóneo para una escritura que quiere dejar acta de un tiempo, aquí, ahora, que se percibe como terminal, agotado, incapaz de alimentar nuevos sueños.

 

Los 45 poemas en prosa de El hombre al que zumban los oídos, divididos en tres partes de igual extensión («Cuerpo», «Descendencia» e «Historia»), giran sobre esta idea y dibujan un mundo –el del tardocapitalismo– que «nos enferma» a fuerza de ensimismarnos: «Por eso acudimos a las puertas de la farmacia, para comulgar con sus ríos de hierro y sombra». Quizá el origen del mal esté en un sistema cuya opulencia se basa justamente en la insatisfacción constante, pero Llera, con Eliot, parece apuntar más hondo, a la naturaleza fallida del hombre y su pecado original: «Toda culpa es caracol: abre los surtidores, mengua la maleza…». Así, ante las «tijeras y pesticidas» que pudren las esperanzas, la mirada de Llera toma conciencia de su propia fragilidad y se compadece del fondo ruinoso de ciertas vidas: «Los exiliados […] nunca volverán a preguntar por el dueño de la casa».

 

Libro de índole expresionista, fértil en imágenes y hallazgos expresivos, El hombre… tiene algo de museo imaginario de la modernidad. A veces, en poemas como «Detrás del sol» o «Lautréamont», me recuerda un poco a Charles Simic, pero Llera es más arisco y también más hondo. No queda otro remedio cuando se sabe, como él, que «el límite del bosque es otro bosque». Alta poesía.



Publicado originalmente en La Lectura de El Mundo, 4 de febrero de 2022.


1 comentario:

ÍndigoHorizonte dijo...

Hay lugares donde encontramos los zumbidos que nuestros oídos necesitan. A esos lugares siempre volvemos.

Abrazo amigo.