domingo, abril 25, 2010

aire cargado


Las nubes de tormenta se agolpan en el cielo
igual que bestias en una charca. Nadie
espera nada a estas alturas,
nadie sabe,
pero estaría bien, muy bien, después de todo,
que la lluvia bajara de una vez a lavarnos,
que dejara en los ojos deslucidos
un poco de su frío y su caudal.

Un paisaje indistinto de antenas y azoteas
duplica los baldíos de la sangre.
¿De qué hablamos cuando no estamos juntos?
¿Qué miedo se conjuga en nuestras evasivas?

Después de tantas vueltas, sólo queda
rearmar las tropas de la lucidez,
jugar con los insectos de la mente
y decir lo que toca,
si es que decir nos sirve a estas alturas.

La luz tangente de la calle
abre un charco en la mesa, un fuego escueto.
Es tarde para corregirse.
Acudo a él para engañar mi sed.

.

14 comentarios:

José Antonio Fernández dijo...

La lluvia como agua depuradora.
El último cuarteto redondea el poema, del que siento la continuidad silábica, cuidar la acentuación, cosa que ya se ve muy poco en poesía. Yo, prefiero y valoro ese trabajo en el ritmo del poema.
Un saludo.

Jordi Doce dijo...

Gracias de corazón por tu lectura, José Antonio. Un saludo, J12

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Siempre atento a la poesía de otros (tan bien traída , por cierto), hacía tiempo que no teníamos ocasión de leer tus propios versos (si es que los otros no lo son). Muy hermoso poema. Y gracias.

Jesus Esnaola dijo...

Vaya por delante, Jordi, que soy un completo ignorante, sobre todo en lo que se refiere a poesía, pero no quería dejar de decirte que paso por aquí de vez en cuando, me gusta lo que publicas, y que este poema me ha dejado una profunda desazón y desasosiego.

Un fuerte abrazo

Anónimo dijo...

Aunque sea un tópico lo del agua como redención, me gusta como lo ha tratado en el poema, sobretodo porque se ha puesto en una situación concreta más o menos dibujada: la vida en pareja, y ese paisaje tan poco usual en poesía y común de tejados que realmente es desolador. Aunque el final y algunas métaforas como rearmar las tropas las veo desafortunadas; es un placer pasearse por su blog, un saludo, espero no le molesten las críticas.

P.C.

Ophir Alviárez dijo...

Me gusta, suave pero firme, el final me lo devela así...

OA

Jordi Doce dijo...

Gracias a todos por vuestra lectura. Me alegra que os guste el poema. Anonimo, en absoluto me molestan sus reparos, los tengo en cuenta, aunque lo de rearmar las tropas de lucidez me sigue gustando, la verdad. Sigo pensando, en cualquier caso. Saludos, J12

Yllari Chaska dijo...

La soledad aviva la tormenta y viceversa. La lluvia evidencia la desazón de perder el sentido, pero limpia. A veces el silencio es un mejor camino.

Jordi, me ha encantado este poema. Te escuché hace unos días en una charla del CC de España en Lima que fue inspiradora para mi. Encontrar tu blog hoy, casualmente, ha sido también una grata sorpresa. Gracias.

Ayelén dijo...

Hace tiempo que descubrí su blog, había oído hablar de usted y la curiosidad me hizo buscarlo. Desde entonces soy una seguidora fiel, aunque en la sombra.

Hoy me asomo un segundo en el que espero no molestar, solo para decirle que me encanta como escribe, como transmite. Así que gracias por abrir esta ventana a la que puedo asomarme con frecuencia, y en la que disfruto de las palabras.

Muchas gracias Jordi y enhorabuena por su buen hacer.

ana dijo...

Es el mejor poema hasta hoy que he leído tuyo. Me ha encantado.

Diarios de Rayuela dijo...

Un gran poema, Jordi.
Y da esa sensación como de película que enfoca el vacío mientras al margen, sin que el objetivo los alcance, los personajes, que sabemos que están ahí aunque no se vean, piensan o hablan casi de espaldas uno del otro.
Un abrazo.

Alfredo J. Ramos dijo...

A estas alturas es verdad que nadie sabe qué es verdad (o eso parece).
La lluvia es necesaria, aunque no aporte ninguna respuesta, sólo su ser elemental, la pureza de lo que nada significa.
El miedo que se conjuga en nuestras evasivas tiene una parte de cansancio, otra de respeto y otra de impotencia. Más que miedo es costumbre, gesto fósil.
Y pese a todo, a estas alturas, qué otra cosa podemos hacer sino decir, que es nuestro hacer (y también el callar nuestro).

Todo un poema. No sacia la sed pero crea un charco de luz en medio de la boca.

Un disfrute.

melchor dijo...

Sarduyanadamente digo:Hay que huir tanto del incienso de los turiferarios como del hedor de los detractores.Pero hoy me apetece encender sándalos de rubor, Jordi: Eres el mejor de nuestros aforistas, uno de nuestros más grandes traductores, un ensayista ejemplar y, cada vez más,- este poema es una muestra de ello- uno de nuestros mejores poetas, con gracia alcanzada.

Jordi Doce dijo...

Entre todos consiguireis que me sonroje, y no es falsa modestia, lo juro! Gracias por vuestros comentarios, Ana, José Carlos, Melchor, Ayelén, Alfredo, Yllari... no sé, yo sigo teniendo la sensación de que se nota demasiado el esfuerzo que supuso escribirlo, que no "fluye" como otros poemas recientes míos, pero quizá resida ahí parte de su gracia, si es que la tiene: la de llevar impresas las huellas del proceso mismo de escritura.

Melchor, tus palabras, viniendo de quien vienen, me son doblemente conmovedoras. Ánimo y suerte en todo. Un abrazo, J12