sábado, junio 26, 2010

robert bly / lago que habla

.


Conduciendo hacia el río Lac qui parle

I

Anochece en Minessota mientras conduzco.
El campo con rastrojos retiene la última crecida del sol.
Los tallos de soja respiran.
En los pueblos, los viejos se sientan a la puerta
                 de sus casas
sobre asientos de automóvil. Soy feliz,
la luna se alza por encima de los cobertizos.


II

En la carretera de Willmar a Milán
el pequeño universo del coche
se hunde en los profundos campos de la noche.
Esta soledad cubierta de hierro
se mueve a través de los campos nocturnos
penetrada por el ruido de los grillos.


III

Cerca de Milán, me sorprende un pequeño puente,
el agua arrodillada a la luz de la luna.
En los pueblos, las casas se alzan a ras de suelo.
La luz de las farolas cae
sobre los cuatro costados de la hierba.
Cuando llego al río, la luna llena lo cubre;
en una barca hay gente que habla muy bajo.

Un poema de Robert Bly (1926), un breve tríptico de su primer libro, Silence in the Snowy Fields (1962; Silencio en los campos nevados), en el que demuestra cómo se puede actualizar en clave moderna la sensibilidad oriental.

Descubrí a Bly en The Penguin Book of Contemporary American Poetry, de Donald Hall, en un ejemplar de segunda mano que compré al poco de llegar a Sheffield, en el otoño de 1992 (ya he hablado de este libro en otras entradas de la bitácora, y en particular en la que dediqué al propio Hall hace justamente un año, cuando traduje su poema «Manzanas»). Traductor de Thomas Transtörmer, de Vallejo y de Neruda, Bly fue uno de los poetas más activos del movimiento de protesta contra la guerra de Vietnam. Luego, a finales de los años setenta, se convirtió en una especie de gurú de la estética new age y su poesía se diluyó por el camino, aunque sus últimos libros (el mejor es Morning Poems) siguen teniendo un encanto especial.

Por cierto que Octavio Paz, en algún lugar de su correspondencia, lo llama «El porquero de Minnesota» a cuenta de una reseña hostil que dedicó a Renga y algún otro libro del poeta mexicano. Es verdad que Bly vivió muchos años en una pequeña granja muy cerca de la frontera con Canadá, pero no parece que fuera muy aficionado a los trabajos manuales. Él mismo confiesa en una entrevista que cuando no traducía o escribía artículos por encargo «pasaba mucho tiempo en el campo, sentado. Había paz. El silencio seguía siendo mi pasión». Es algo, me parece, que se ve muy bien en este poema.

El original, aquí.

2 comentarios:

autor dijo...

Sumo y sigo, Jordi: otro poeta desconocido que llega de tu mano.
aun no he acabado con Gibbons ni con R.S.Thomas y ya llega Bly reclamando su tiempo.

Un fuerte abrazo.

Elías

griselda jimenez dijo...

Me enteré de este poeta por que un personaje de la serie "Grimm" lo menciona.usualmente cuando encuentro en los libros referencias o otros escritores me pongo a investigar.muy buena tradición.no se inglés asi que en mi caso uso un buen diccionario