domingo, febrero 19, 2012

5


 
Escribe como si buscara el conjuro, la contraseña mágica, que le abriera las puertas de sí mismo.



Qué gran alivio cuando desobedece las expectativas de sus maestros. Qué inmenso alivio cuando corteja deliberadamente su enfado.



Allí las sombras sirven para enterrar a los muertos.



Tiene opinión para todo. Cada vez que abre la boca, una púa de erizo le brota de la piel.



Nostalgia de ser un extraño, alguien a quien se habla con gestos para que comprenda, que despierta sonrisas y meneos de cabeza más o menos hospitalarios.
            Las palabras, mejor más adelante, cuando uno comience a asentarse. Ahora parecen prematuras o están de más. Mejor un guiño, la mímica del recién llegado.

2 comentarios:

César Nicolás dijo...

Me gusta incluso MÚchO (léase acentuando en la Ú).

Con cosas así uno se identifica sobremanera, y más si quien lo escribió queda implícito o no se sabe bien...

(Para notas y Marginalia)

Índigo dijo...

Me quedo encantada con la primera y la última. La segunda me gusta pero con la primera y la última, me parece que lo bordas: cristalinas como un espejo. Un abrazo, Jordi.