domingo, febrero 26, 2012

una mano



© Sean Mackaoui



Todo lo que escribe es como un solo mensaje interminable en el que, entre disculpas y frases de cortesía, posterga una y otra vez la cita que tenía consigo mismo.



Amigos como anclas, sí, pero que nos permitan oscilar, movernos con la marea.



Inventa personajes de ficción para que hagan de árbitros o mediadores entre los vivos, para permitir que hablen entre sí.



Nunca está donde se le espera. No se le espera en ningún sitio.



Aún estás demasiado lejos. Puedo verte de cuerpo entero.


1 comentario:

Índigo dijo...

Me gustan tus hormigas blancas porque pasan, minúsculas y negras, pero van dejando un halo blanco que nos permite volver a ellas, a su aparente pequeñez de amigos que nos anclan y nos dejan libres, a la vez. Un abrazo, Jordi.