viernes, marzo 14, 2014

ahora


Se recuestan en los bancos de madera despintada y dejan que el sol de marzo les acoja lentamente: el punzón vivo del aire, la cabeza en ningún sitio, los rostros como agua clara donde no se toca fondo. Van quedando atrás la noche, los ventisqueros del cuerpo, esos erizos de frío que hibernaron en la sangre. Cada minuto que pasa estoy más cerca del día. Pesa el tacto de las llaves, su dibujo memorioso. Me voy a esperar un rato.

1 comentario:

Alfredo J. Ramos dijo...

Ese horizonte, estremecedor, hacia el que todos vamos. Qué bien intuido (o anticipado). Confiemos en que no sea del todo cierto. Su frío. Que haya un consuelo hacia el más acá. Alguna forma última de misericordia. Aunque quién sabe. Un abrazo, Jordi.