sábado, octubre 25, 2014

louise glück / el pasado





Exigua luz que surge de repente
en el cielo, entre dos
ramas de pino, y sus finas agujas

grabadas ahora en la extensión radiante
y encima este
cielo, alto, ligero…

Huele el aire. Es el olor del pino blanco,
más fuerte cuando el viento sopla en él
con un sonido igual de extraño,
como suena el viento en una película.

Sombras que se desplazan. Cuerdas que
suenan a cuerdas. Lo que oyes ahora
debe ser el sonido del ruiseñor, Chordata,
el macho cortejando a la hembra…

Un rechinar de cuerdas. La hamaca
se mece con el viento, bien sujeta
entre dos pinos.

Huele el aire. Es el olor del pino blanco.

¿Es la voz de mi madre lo que oyes
o solo el ruido de los árboles
cuando el aire pasa entre ellos

pues cómo sonaría entonces
pasar entre la nada?


trad. J.D.



A la gran Louise Glück (Nueva York, 1943) no hace falta presentarla entre nosotros, me parece. Hasta cinco de sus libros (Ararat, Averno, El iris salvaje, Las siete edades y Vita nuova) han sido editados con mimo y elegancia por la editorial Pre-Textos. Es quizá la poeta norteamericana contemporánea más traducida y editada en España.

Su último libro se publicó hace pocos meses con el título de Faithful and Virtuous Night (Fiel y virtuosa noche); un sintagma que parece tomado de un libro de himnos o de una antología de poesía barroca, y que rubrica el viaje de la poeta hacia las regiones de una espiritualidad entre elegíaca y panteísta que se cuela entre las grietas del mundo visible para, como recordaba hace poco el novelista E. L. Doctorow que decía Henry James que debía ser la literatura, «mirar dentro de lo que no se ve». En el caso de este poema, uno de mis preferidos del libro, ver incluye también oír, oler, recordar (y aquí «recordar», jugando un poco con la etimología, toma el sentido de dar cuerda al reloj del corazón, pero al revés, para que avance en sentido inverso, porque Glück tiene una sensibilidad elegíaca indudable, un don para mirar atrás sin ira y establecer vínculos temporales que son, también, continuidades especiales).

Aunque no creo mucho en los premios, me ha hecho ilusión enterarme de que este libro, así como el último de mi admirado John Burnside (All One Breath), están entre los finalistas del premio T. S. Eliot. Se lo merecen, sin duda. Hay muchas afinidades entre sus obras, pero yo quizá destacaría la fluidez de su escritura, su ligereza, como si escribir fuera algo tan natural o tan sencillo como respirar, como si las palabras del poema fueran jirones de nubes en un cielo claro –«ligero», dice ella– de verano, a punto de esfumarse. No lo hacen, y por eso están aquí, creando sus lectores, dejándose traducir.

El original, aquí.



5 comentarios:

Indigo Horizonte dijo...

La belleza de lo aparentemente sencillo es aún más belleza.

Alfredo J Ramos dijo...

Sólo una minucia (tras leer de nuevo el original): Chordata, ¿no debería ir en cursiva?

Jordi Doce dijo...

Qué bueno veros a los dos por aquí. Y sí, yo también me incliné por poner Chordata en cursiva, pero luego vi que estaba en redonda en el original... Y Chordata es tan latín aquí como allá. Abrazo, J12

Alfredo J Ramos dijo...

En el original que enlazas aparece en cursiva...(de ahí mi comentario).

Jordi Doce dijo...

Pues me despisté tontamente, entonces. Ya está corregido. Disculpa, Alfredo, y gracias por señalarlo. Abrazo, j12