jueves, octubre 29, 2015

cinquillo



Escribir con las entrañas, sí. Échalas bien sobre la mesa. Ya puedes escrutar y jugar a las adivinaciones.



Dio un paso, un solo paso irreparable, y se desprendió de su piel como de un mono de trabajo. Luego la enrolló con firmeza, como un saco de dormir, y siguió camino.



Pone palabras entre él y la meta para no terminar de llegar nunca.



Respira en el espacio abierto por sus exageraciones.



Días en los que nada brota. Días desérticos. Días exhaustos. Días que expían la presunción, por discreta que sea, de las épocas de abundancia; que hacen perdonar, antes o después, el orgullo satisfecho de la fecundidad.

3 comentarios:

Indigo Horizonte dijo...

Cinquillo: los ojos de la piel, la piel de las tripas, el horizonte invisible, el tapete verde de la infancia, la sonrisa agostada... pero solo a veces.

Africa Jiménez dijo...

Has vuelto, te estábamos esperando.

Jordi Doce dijo...

Gracias, Índigo, África. Sí, parece que he vuelto... a ver si ahora logro quedarme. Abrazo, J12