lunes, septiembre 19, 2011

a oscuras

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Me cuenta un amigo que ayer al mediodía –así puede ser una jornada de mediados de septiembre en un valle asturiano– el cielo se aborrascó hasta el extremo de provocar el encendido automático de los faros del coche… Algo como un eclipse de nubes que borró la luz del sol casi por completo y que no remitió hasta media tarde. No recordaba que los coches estuvieran equipados con este tipo de sensores, aunque parece lógico. Algo como los filamentos que la sangre enciende por instinto para iluminar los días oscuros, llenos de malos presentimientos. Y también en este caso hay que hacer como el conductor del coche: mirar con terquedad hacia adelante, no entretenerse sino lo indispensable, concentrarse en el acto mismo de conducir hasta que poco a poco se sale del túnel y se comienza a respirar más anchamente. A la salvación por la rutina. O del remolque salvador de los automatismos. No es mucho consuelo, tal vez, pero no se me ocurre nada mejor cuando los días se estrechan y se vuelven irrespirables, como este comienzo de semana en el que ciertos asuntos –domésticos, laborales– que debieron resolverse hace tiempo comienzan a emponzoñar el aire. Supongo que mi vieja manía de enterrar la cabeza en la arena, esperando que la tormenta amaine o siga su curso, sigue siendo tan improductiva y malsana como siempre. Con lo que me temo, además, que estoy gastando los filamentos de la sangre con oscuridades de mi propia hechura. Imposible quejarse, pues. A lo más que puedo aspirar es al semblante de dolorida sorpresa de mi amigo al contarme el eclipse de ayer. No me lo puedo creer, venía a decirme. Yo tampoco; me he visto en este hoyo tantas veces que mi insistencia en visitarlo me parece francamente digna de asombro.
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4 comentarios:

Índigo dijo...

Cuando la oscuridad se hace muy oscura, se vuelve a las entrañas de lo oscuro y, en ocasiones, se divisa la luz, aunque sea a través de la rutina.

Anónimo dijo...

yo también pensaba en estas cosas, en porqué esta tendencia a comportorse de cierta manera si no es saludable... entonces desdel sicoanálisis se nos dice: hay un cierto placer en esto.
o sea, que el hoyo nos hace daño y un cierto placer -inconsciente-
en fin, no sé.
coralet

Jordi Doce dijo...

Sin duda tienes razón, Coralet. Ya tenemos una edad y somos mayorcitos, así que si nos metemos en estos líos es porque en el fondo nos va la marcha. Será eso. Y gracias por vuestra lectura! Índigo, un placer seguir viéndote por aquí. Saludos, J12

Anisa dijo...

Miro con terquedad hacia adelante, pero preferiría no hacerlo y contemplar el paisaje que me rodea. Saludos.