martes, marzo 24, 2009

creeley / garcía lorca

Jonathan Mayhew me escribe para anunciarme el envío de su nuevo libro, un estudio de la recepción y la influencia que la obra de García Lorca ha tenido entre los poetas norteamericanos (Apocryphal Lorca: Translation, Parody, Kitsch, The University of Chicago Press, 2009). Hablamos de Jack Spicer (que mientras traducía sus poemas escribió varios «garcialorcas» apócrifos), de Merwin, de Rexroth… y de Robert Creeley, que tiene un poema titulado, precisamente, «After Lorca», aunque no sé –como veremos– si el texto definitivo tiene mucho que ver con el poeta granadino.

Si no recuerdo mal, «After Lorca» pertenece al primer tranco de la obra de Creeley (1926-2005) y fue escrito en Mallorca, donde vivió con su esposa Ann entre 1951 y 1955. He revisado tantas veces la traducción que ya no sé si queda algo del impulso original. No es representativo del tono posterior de Creeley, pero me gusta por su ternura y su suave ironía, y también por la ingenuidad con que incrusta, casi al sesgo, su pequeña crítica social.


Según Lorca

La iglesia es un negocio,
          y los ricos son hombres de negocios.
Cuando repican las campanas,
          los pobres vienen en tropel,
y, cuando un pobre muere,
          le ponen una cruz de madera
y se dan prisa con la misa.

Pero si muere un rico
          pasean por la calle el Sacramento
y una cruz recamada, y van
doucement, doucement
          camino al cementerio.

Y esto a los pobres les encanta
          y les parece una locura.


Mayhew, que lo ha estudiado, me da la fuente original del poema, unos versos tradicionales recogidos en su día por Antonio Machado y Álvarez, Machado padre:

  Cuando muere un hombre pobre
  va solito al entierro,
  pero cuando muere un rico
  va la música y er clero.

Como dice Mayhew, «el poema de Creeley parece una ampliación de estos sentimientos populares». En cualquier caso, el verso inicial sigue teniendo no poca vigencia, visto lo que estamos teniendo que aguantar por ese frente.

4 comentarios:

Esther dijo...

Los traductores de poetas ¿no terminan estética, estilistica y formalmente contagiados por los propios poetas a quienes traducen? ¿No es, en algún momento del proceso, abducido el traductor por el poeta? ¿asistimos a una actualización de aquellos poetas en las obras de nueva creación? ¿existe la poesía "después" de Lorca? -esta última pregunta es de coña? ¿o no?

Óscar Santos Payán dijo...

Estoy de acuerdo contigo. Añadiría que algunos poemas del pueblo y para el pueblo son como versiones más elitistas del refranero. Después de Lorca hay poesía y poetas pero también poemas de Lorca casi insuperables como la aurora de poeta en N.Y. Como algunos poemas de muchos poetas que le dieron a lorca las claves de su poesía. Un abrazo fuerte

Jordi Doce dijo...

Qué bien verte de nuevo por aquí, Óscar. Es una estupenda noticia. Y disculpad, sobre todo Esther, que no haya respondido a tu comentario aún. Son muchas preguntas y además complejas. Aunque te diría que el traductor es una mezcla de lector y de actor, y, como un lector intenso o entregado, se deja, claro abducir por el autor a quien traduce. Pero luego hay un distanciamiento, el mismo que opera el actor dramático, para tratar de reproducir esa sensibilidad sin dejarse dominar por ella.

En última instancia, traducir a un poeta, si es bueno, y si el trabajo es intenso, nos permite ensanchar, ampliar nuestra sensibilidad; nos volvemos más capaces, en el sentido de habilidad y también de capacidad.

Lleva habiendo poesía después de Lorca desde hace sesenta años. Por fortuna. Aunque sin Lorca tal vez mucha poesía sería distinta. Un abrazo fuerte. J12

Esther dijo...

Gracias por su respuesta. Sé que eran muchas preguntas y muy complicadas, pero son preguntas que siempre me he hago con respecto a los traductores, como también me pregunto si realmente las traducciones son equiparables a los textos originales, quiero decir ¿qué hay en el texto del traductor-autor? ¿o no debe haber nada? ¿es imposible que no haya nada? ¿es posible un acercamiento literal al texto? supongo que no, que existen tantas diferencias entre los idiomas que imposibilita esa imagen-espejo. Después de leer un libro traducido siempre termina resonando la pregunta ¿de quién debo enamorarme del escritor o del traductor?