martes, abril 14, 2009

paradiso


Ayer, mientras volvía a Madrid en un tren atestado de estudiantes universitarios y profesores de secundaria que aprovechaban hasta la última hora de sus vacaciones, me di cuenta de que no había pasado por Paradiso durante mi estancia en Gijón. Creo que es la primera vez en muchos años que no cumplo con este rito: el hecho de tener que estar atendiendo a mi hija en todo momento y el que la mayor parte de los días fueran festivos me ha dejado en fuera de juego. Puede sonar a exageración, pero el despiste me ha dolido: Paradiso es algo más que una librería o una pequeña tienda de discos indie (es decir: con todo lo que ha merecido el calificativo de indie a lo largo de los años). Es un centro de reunión, un lugar entrañable donde muchos hemos pasado buenas y abundantes horas, y es también una certeza que desafía al tiempo, que otorga –en mi caso, al menos– continuidad a mi relación con la ciudad por debajo de frecuentes y cada vez más largas ausencias. Un sitio único, en fin. No haber cumplido con mi peregrinaje habitual ha sido un mal gesto y, lo quiera o no, un síntoma del cansancio con el que acabé el trimestre pasado. Ojalá Chema lea esto, siquiera por azar, y sepa disculparme.

4 comentarios:

Diarios de Rayuela dijo...

Se lo haremos llegar a Chema.
De cualquier forma, se le reprende cordialmente. En tiempo de pasión religiosa, qué menos que rendirle devoción a la capilla más querida.
Un abrazo, Jordi.

juan carlos gómez rodríguez dijo...

Tienes razón amigo Jordi. Paradiso en gijón es un símbolo para aquellos a los que nos gustan los libros. Es lugar obligado y de culto. Y una rareza en un mundo que tiende a fagicitar todo aquello que es autentico.
Saludos
Juanca

Jenny jirones dijo...

Ay, es que los ritos procesionales (los de cada uno) es difícil saltarlos...
Seguro que Chema te disculpa. Y seguro que lee esto.

Jordi Doce dijo...

Ya me quedo más tranquilo con vuestras absoluciones... Abrazo fuerte a los tres. J12