jueves, abril 23, 2009

de diarios

El diario de escritor, por lo común, sólo puede serle útil a otros escritores, y entre ellos a una clase muy especial, los que viven asediados por las dudas y la sensación de fracaso y hallan consuelo en las fuerzas de flaqueza de sus predecesores. Me refiero, claro está, al diario introspectivo y aguijador, no al cuaderno notarial de narradores fuertes como Thomas Mann. Aunque, en general, tales escritores no escriben diarios ni los necesitan en modo alguno: lo suyo es un hacer continuo, y el relato de los infinitos escrúpulos y dudas del escritor pequeño les produce indiferencia o –en el mejor de los casos– un tibio azoramiento. Sólo los indecisos hallamos consuelo en la indecisión ajena, en esa vasta geografía de la incertidumbre donde la más breve luz tiene algo de relámpago.

2 comentarios:

Susana dijo...

Mira por dónde, me doy la bienvenida al mundo de los indecisos! A priori no parece tener mucho mérito, pero sí, también es un consuelo pertenecer al mismo clan al que tú dices pertenecer. Un placer leerte.

Muchas felicidades por tu santo, y feliz día de las letras por tu condición de amante irreductible.

Un abrazo
Susana

Anónimo dijo...

mmm, no entiendo bien la idea que tenés del diario del escritor, yo entiendo, como dice por ahí Hector Tizón, que el diario es una especie de work in progress de éste, y que es la escritura de cuando nada se tienen para escribir.
buen blog saludos