jueves, abril 16, 2009

cornford(s)

No soy muy dado a los fetichismos biográficos, pero ayer, mientras leía las memorias de Bertrand Russell (me llevó a ellas uno de los breves artículos de Savater en su muy recomendable El arte de ensayar), di un pequeño respingo al encontrarme con un apellido familiar: un tal F. M. Cornford, poeta y profesor de clásicas en Trinity College, Cambridge. Russell estaba comenzando a sufrir represalias de distintos frentes, entre ellos el académico, por sus ideas pacifistas y su objeción de conciencia a la Primera Guerra Mundial, y Cornford le escribe una breve carta de apoyo y solidaridad, criticando abiertamente la postura de sus colegas universitarios, que habían abierto un expediente al futuro filósofo (a Russell, entonces, se le conocía principalmente como matemático). Es una carta breve, como digo, pero en la que todo se dice con claridad, elegancia y cortesía. Un testimonio de nobleza que parece haber emocionado a su destinatario, que la cita íntegramente como ejemplo de que no todos habían perdido la cabeza en su antigua universidad. (Terminada la guerra, Russell fue invitado a reintegrarse al claustro, pero la defenestración estaba demasiado reciente en su memoria y declinó el ofrecimiento.)

Este Cornford es, claro está, el padre de John Cornford, también poeta, comunista y brigadista internacional, muerto a los veintiún años en nuestra Guerra Civil, y al que José Ángel Valente dedicó un emocionante poema en La memoria y los signos (1966). Lo que no sabía es que su madre, Frances Cornford, también poeta (y muy admirada, años después, por Philip Larkin, que la antologó repetidamente), era hija del botanista Francis Darwin y nieta por tanto de Charles Darwin. ¡Cuántos cruces y coincidencias! Me he pasado un buen rato desenredando la dichosa madeja, y una vez más parece claro que por alguna misteriosa ley los mejores suelen buscarse y encontrarse, estableciendo correspondencias de las que apenas somos concientes al cabo de los años.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

enhorabuena por el libro de Blake, ya veo que el tiempo es tu aliado...

Jordi Doce dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jordi Doce dijo...

No te creas, anónimo, hace tiempo que abandoné toda esperanza de entregar a tiempo mis trabajos--llego siempre con la lengua fuera, pero al menos llego. Gracias, en cualquier caso. Saludos, j12

Alfredo J. Ramos dijo...

Ese tipo de anudamientos en ¿la trama (finalmente no) inextricable? tienen un gran poder de fascinación. Sobre todo cuando se comprueba (realidad objetiva) que los lazos no están solo en nuestra mente. ¿O acaso sí? No sé, pero azares seguros como este suelen alegrarme el día. Gracias por contarlo.

baudelaire3 dijo...

Como dice uno de los comentaristas, este tipo de descubrimientos terminan por alegrarle a uno el día. Por fin la primavera llegó a esta ciudad del Midwest donde vivo. Y ahora esta pequeña joya biobibliográfica.

Agradecido,

CGO

Jordi Doce dijo...

Gracias, Alfredo y Baudelaire3, me alegra saber que este juego de azares o encuentros también os intriga. Despierta una pequeña pulsión de investigadores. Buen finde. J12