domingo, diciembre 25, 2011

drake / la concha

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He visto hace muy pocos días A Skin Too Few, un breve (no llega a los cincuenta minutos), delicado y punzante documental en torno al gran Nick Drake (1948-1974). Sobre un fondo de imágenes de Londres y de Tanworth-In-Arden, el bellísimo pueblo vecino a Birmingham en el que vivían sus padres y al que acabó volviendo a comienzos de los años setenta, cuando la depresión y el insomnio pudieron más que su voluntad y las ganas de triunfar, se oyen voces discontinuas, comentarios de familiares y amigos que recuerdan este o aquel aspecto de su vida. Y aquí y allá, con tiempo para desplegarse y dialogar con las imágenes, algunas de sus mejores canciones («River Man», «Northern Sky», «Fruit Tree», «At The Chime of a City Clock»…). Todo está filmado y montado con elegante reticencia, sin falsos dramatismos, sin énfasis pedantes. Aunque escuchamos las voces en off de sus padres, grabadas al parecer a finales de los años setenta, es su hermana, la actriz Gabrielle Drake, la que aparece en cámara y explica la historia de la familia: los años de Burma, el regreso a Inglaterra, los temperamentos divergentes pero complementarios de sus padres… Sorprende, sobre todo, asomarse a la intensa creatividad de su madre, Molly Drake (1916-1993), poeta y compositora de canciones que ella misma interpretaba al piano. Uno de los momentos más intensos del documental lo protagoniza justamente Gabrielle al leer un poema de su madre, «The Shell» [La concha], con versos que quieren o parecen «explicar» a su hermano y que me recuerdan, sobre todo al principio, el tono de Robert Graves en un poema como «The Cool Web». Esta semejanza tiene que ver, imagino, con que ambos bebieron por igual de la mejor tradición victoriana y hasta georgiana, con la que Graves estuvo vinculado unos años…

El poema, sin ser excepcional, no es el trabajo de una aficionada. Ni mucho menos: la metáfora central se despliega con inteligencia hasta dibujar una alegoría veraz de la existencia, hay ritmo y expresividad (es un poema que tiene asero, como diría Juan Ramón Jiménez), y el cierre, muy intenso, lleno de rara fuerza, deja en el aire una sugerencia entre irónica y piadosa, ese «too much else besides» («tantas cosas más aparte») que habla del precio fatal del conocimiento y contrasta con las «estrechas alegrías» de la primera estrofa. Creo que no hace falta ser uno de los muchos oyentes y admiradores de Nick Drake para sentirse conmovido por la energía y la pureza de este pasaje, que –bien es cierto– quizá nunca hubiera visto la luz de no ser su autora la madre de un músico famoso.

Está a punto de editarse en Inglaterra un volumen con textos inéditos de Molly Drake y creo que el mejor homenaje que puedo hacerles a los Drake (madre, hijo, hermana) es traducir este poema al español. Es también una forma de recordar que la poesía surge donde y como quiere, un mucho a su aire, pero que a veces tiene la cortesía de discurrir por cauces ya hechos, los troncos y ramas de los árboles genealógicos. No me cabe duda, leyéndola, de que la taciturna y algo angélica creatividad de Nick Drake estaba ya, de otra manera, en su madre.


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Molly Drake

La concha

La vida crece hasta envolvernos como una piel
Confinando allá fuera el mundo desolado,
Pues señalar sin falta la más lejana sima
Es llevar años muerto sin estar en la tumba.
Pero mientras giramos en la concha hogareña
De inquietud, desencanto y estrechas alegrías
Vamos creciendo y floreciendo
Y rara vez miramos la oscuridad externa
Que nuestros ojos no soportarían.

Hay quien rompe la concha.

Y pienso que hay algunos
Que con sus dedos atraviesan
Las frágiles paredes
Haciendo un agujero.
Y a través de ese tajo cruel
Contemplan los rescoldos de este mundo
Con ojos descarnados.
Miran fuera y dentro a la vez
Sabiendo lo que son
Y tantas cosas más aparte.



El original, aquí.




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6 comentarios:

Anónimo dijo...

Otra vez has vuelto a romper la concha, Jordi Doce.Hay unos versos(con vocación de aforismo, a mi parecer) en este estupendo, impagable, poema ("Pues señalar sin falta la más lejana sima/
Es llevar años muerto sin estar en la tumba.) que anula esa posible "estrecha alegría" desde un principio e invitan a sacarlos a pasear unos días, claro que dentro del conjunto pero sobre todo a darle rumia...

Si no lo ha hecho todavía, le invito a que lea el artículo publicado hoy en El País Tarea del traductor, de Miguel Morey.Allí se dice entre otras cosas que "lo propio de la verdad es ser imparafraseable".Sin comentario. A la espera de otro, amigo.Saludos cordiales.

Francisco

Índigo dijo...

Sin aristas. Todo fluye. Leer tu traducción y volver al original recitado es quedarse boquiabierto, pensando si volver a leer, volver a escuchar, o sencillamente recordar ambas sin más. Mejor me voy de puntillas. Vuelvo, luego. Un abrazo, Jordi.

Jordi Doce dijo...

Gracias, amigos, creo que sois demasiado generosos, pero así da gusto. Sí, he leído el artículo de Miguel Morey, lúcido y brillante como todo lo suyo. No dejéis de leer su "Hotel Finisterre", recién publicado en Galaxia Gutenberg...

Abrazo fuerte, J12

Índigo dijo...

Hoy vuelvo y me llevo el poema puesto pero hoy vuelvo, sobre todo, para dejarte un abrazo grande y brindar contigo por lo que seguiremos leyendo y traduciendo (ese temblor de querer abrir horizontes y traspasar fronteras o hacerlas nuestras...) en el 2012. Un abrazo grande, grande para ti y los tuyos, Jordi.

Jordi Doce dijo...

Gracias, Índigo, he estado un poco callado esta semana, pero es que así son los finales de año: mucho que hacer para que la puerta del año pasado no nos pille los dedos... Gracias por tu compañía y tu lectura. Os deseo a ti y a los tuyos lo mejor para el 2012! Un abrazo, J12

Isabel dijo...

Darte las gracias y desearte un buen año es poco si se compara con el placer de empezar el año leyendo este bello poema de una mujer que no conocía.
No he visto el docu, lo anoto.
En el poema hay muchas cosas que entiendo muy bien y que encuentro bellamente encerradas en la frase inicial, la metáfora central y ese perfecto cierre.