viernes, julio 10, 2009

stephen spender / poema



Torres de alta tensión

La piedra era el secreto de estos cerros, y granjas
hechas con esa piedra,
y caminos en ruinas
que daban a parroquias imprevistas y ocultas.

Ahora, en estas colinas, se levanta el cemento
que teje cable negro;
pilares, limpias torres
desnudas como enormes muchachas sin secretos.

El oropel del valle con su aire sombrío
y el castaño verde
de raíz familiar
quedan atrás, burlados como el lecho reseco

  de un arroyo.

Pero arriba, tan lejos como la vista alcanza,
como azotes de furia
y el peligro de un rayo
discurre la veloz perspectiva del porvenir.

Tan cargado de auspicios, con su viaje contraen
nuestra tierra esmeralda:
soñando con ciudades
donde las nubes suelen posar sus níveos cuellos.


1933


El paso del tiempo no ha sido piadoso con Stephen Spender (1909-1995). Encumbrado tempranamente junto a Auden como uno de los poetas canónicos de los thirties, su perfil comenzó a desdibujarse no bien pasó la década y Auden se instaló en Estados Unidos. Spender se hizo más conocido por sus memorias, sus labores editoriales al frente de la revista Horizon y sus múltiples trabajos como divulgador cultural, embajador del PEN Club y profesor en universidades norteamericanas. Él mismo dejó un relato meridiano de sus dudas y limitaciones como poeta en sus diarios, en los que además da la impresión de haber vivido siempre a la sombra de Auden, como una especie de secretario tácito o perpetuo de su amigo. Parece claro que Auden se creía superior a él. Lo que sorprende es que Spender aceptara esa superioridad sin rebelarse, sin asomo de rencor. El equilibrio de fuerzas de su relación no se modificó jamás desde su primer encuentro en Oxford, cuando Auden respondió a la pregunta de Spender sobre si debía dedicarse a la prosa: «No, debes escribir poesía; no queremos perderte para la poesía». «¿De verdad crees que tengo talento para la poesía?», volvió a preguntar un azorado Spender. «Por supuesto −respondió Auden con frialdad oracular−, eres infinitamente capaz de sentirte humillado. El arte nace de la humillación.»

No parece que el tiempo haya dado la razón a Auden. Spender es ahora más conocido por sus libros en prosa, en especial sus memorias y el volumen de diarios que publicó a mediados de los años ochenta y que nos ofrece el retrato de un hombre sensato y afectuoso, ansioso por gustar y conocedor de sus limitaciones; un hombre consciente de que su lugar privilegiado en el mundo literario de la posguerra inglesa era en realidad un espejismo, un engaño que no compensaba su falta de fertilidad poética. Sin embargo, dejó un puñado de poemas muy notables, como se suele decir, y tuvo la deferencia de seleccionar bien su trabajo: sus Collected Poems son un volumen ligero y manejable que sigue leyéndose con gusto. Quienes le reprochan que no escribiera grandes poemas u obras ambiciosas no suelen tener en cuenta el alto nivel de toda su producción; no tiene, o al menos no dejó pasar, un solo poema vergonzante o malo.

«Torres de alta tensión» pertenece a su primera etapa y comparte con Auden la fascinación por los emblemas más visibles de la modernidad tecnológica. Una modernidad que invade el campo y crea curiosos contrastes, que Spender describe con imágenes de corte bucólico sabiamente alteradas para la ocasión.

El original, aquí.

6 comentarios:

Víctor L. Briones Antón dijo...

Llevo tiempo paseándome por este rincón.
Ya me apetecía dejar un comentario.
De momento mi prudencia me impide lanzarme a proferir grandes halagos y sólo te diré que mi curiosidad se encuentra muy cómoda aquí, no tanto mi ignorancia que se ve mermada cada vez que te visito.

Un saludo de uno que te lee con asiduidad.

Jordi Doce dijo...

Gracias, Víctor. Prefiero con mucho que tu curiosidad se encuentre cómoda a todo lo demás. Aquí se trata de compartir cosas, de ponerlas a disposición de los demás, no de exhibir nada. Un saludo, J12

Anónimo dijo...

que cruel Auden, no?

Jordi Doce dijo...

Pues la verdad que sí. Talento tenía para dar y tirar, pero no era ninguna hermanita de la caridad. Heaney ha contado alguna vez el sobresalto que se llevó, allá por el año 1970-71, cuando vio a Auden tratar a Spender, todo un Sir, como si fuera un colegial. Como si nunca hubieran saludo de Oxford.

Saludos, j12

insomne dijo...

aca paso por tu blog en un rato paso por tu perfil para saber si sos de españa o de argentina o de donde?je. Las maravillas de google "la memoria del mundo"jajaja porque entre buscando un poema de un autor argentino poco conocido y no se como llegue aca... pero me gusto este post...... y tambien el poema! dejo como reflexion cuantos otros spender habra por el mundo los eternos segundones pero no por ello menos talentosos o menos o importantes hace poco tambien recorriendo la blogosfera de un chico al que siempre leo le dedico un poema al otro hombre que no pudo pisar la luna (q mal q no me acuerdo el nombre je)y se quedo en la nave!

Jordi Doce dijo...

Gracias, insomne, soy español y vivo en España, aunque no creo que sea ningún mérito. Un azar, una ventaja y también una limitación, según como lo mires. Sí, Spender es la norma y Auden la excepción, así es la vida. En literatura hay que leer las excepciones pero sin dejar de cultivar el humus de la norma, de lo habitual y hasta lo mediocre. Saludos, J12