sábado, octubre 13, 2012

3 retratos


No quiere que le comprendan. Cultiva la confusión y evita las confesiones, incluso las más triviales. Es su forma de seguir con vida, de no gastarse.



A fuerza de evitar su propia mirada en el espejo termina conociendo cada pliegue y repliegue de su cuerpo, hasta los que aún no existen.



Cada vez que empieza a masticar, algo se retuerce de dolor al otro lado de la calle.

1 comentario:

Índigo dijo...

Las confesiones gastan, sí. Por eso, si es preciso confesarse, mejor confesarse, en público, a un público que no te conozca de nada, o de casi nada.