martes, junio 23, 2009

geoffrey hill / poema



Christopher Wood, Boy Jumping a Stream, 1929


El muchacho saltarín
1.
He aquí el muchacho saltarín, el muchacho
que salta mientras hablo.

Está a sus anchas en el camino real,
a oídos de la casa alta, su ciego
alero, los árboles; conozco este lugar.

La senda, en gruesas líneas fuera del campo de visión,
se acaba en cualquier parte pero no en Lyonnesse,
aunque es de Lyonnesse de donde he de traerte,

por huertos tenebrosos, a través de las lomas
de tojo de la antigua tierra comunal
devuelta en todas partes al futuro de la memoria.

2.
Brinca porque siente una seria
alegría al brincar. Los ojos de la chica

tienen vedado el paso, o bien ella
está a un paso, a cubierto, y nosotros,
sin saber cómo, debemos saberlo.

Apuesto que idolatra su cabeza plebeya
de balín, sus aladas zapatillas de lona
de nuevo Hermes, su abollado casco de juguete

sujeto con elásticos. Está ganando
una guerra justa y trascendental
contra la gravedad.

3.
Tal vez sea un caso de levitación. Yo
podría hacerlo. Dar a su nuevo cuerpo
mi remembranza. Tales incidentes ocurren.

4.
Sigue saltando, saltarín; el muchacho que fui
grita vamos.

Trad. J. D.


Este poema pertenece a Without Title (2006), uno de los libros últimos de Geoffrey Hill (1932). Más accesible de lo que es habitual en su autor, es también uno de los pocos, por no decir el único, que nace de una imagen, de un estímulo visual: un cuadro del pintor inglés Christopher Wood (1901-1930), Boy Jumping a Stream, que cuelga en el Museo de las Artes de Sheffield y que, según Hill, le hizo pensar en el niño que era en 1940 (una época que también comparece con fuerza en Himnos de Mercia). En una entrevista que concedió a la BBC en enero de 2006, Hill comentó que sus poemas «no suelen comenzar con imágenes, sino con grupos de palabras», por lo que «El muchacho saltarín» era «una anomalía por la que siento gran afecto». La verdad es que es el cuadro de Wood es sólo un punto de partida; el poema no tarda en dejarse llevar por la imaginación y postular nuevos elementos que sin duda («conozco este lugar») remiten a la biografía de Hill: los huertos temerosos, las lomas de tojo, la muchacha escondida… Y ese casco de juguete que hace pensar en algunos de los poemas «bélicos» de Himnos de Mercia. Las cuatro secciones del poema se van adelgazando hasta culminar en ese grito («¡vamos!») con que su autor parece animar al niño que fue, que es aún, al niño que persiste en la escritura sin importarle los años o la experiencia acumulada. En este sentido, estos versos son casi un emblema de la actitud de Hill en sus últimos libros: un poeta mucho más suelto y despreocupado, ansioso por jugar, que mezcla mundos y referencias con espíritu irreverente y gusto por lo grotesco. Aunque aquí la música de fondo es más elegíaca y también más tierna.

Traduje este poema al poco de recibir el libro y se lo envié a Julián Jiménez Heffernan, quien propuso un par de alternativas que no tardé en incorporar. Lo mismo hizo mi amigo Jaime Priede, que me ayudó a despojar a esta versión de una solemnidad excesiva. Al fin y al cabo, si su protagonista está saltando, el poema no puede hacer menos.
   

4 comentarios:

ana dijo...

Desde que lo descubrí, gracias a los 27 poemas del taller de traducción es uno de mis poetas favoritos.

¡Muchas gracias¡

Alfredo J. Ramos dijo...

Me gusta mucho la capacidad expresiva de los atrevidos encabalgamientos (incluso salvando distancias estróficas), la forma en que se va rompiendo el sentido previsible y el acierto de palabras sabiamente ambiguas, como la que inicia el último verso de la primera sección (ese "devuelta", que también suena como "de vuelta", y en ambos sentidos significa).
En la sección 3, aunque desconozco el original, me atrevo a sugerirte como alternativa a la última frase ("Tales incidentes ocurren"), la expresión: "Esas cosas ocurren", una frase (casi) hecha que, en mi opinión, aligera el verso e incluso redondea el sentido. No sé cómo lo ves...

Jordi Doce dijo...

Gracias por la sugerencia, Alfredo. De hecho, hay un poema de Hill, antiguo (Ana lo recordará), donde Hill, en cierto verso, dice exactamente: "These things happen", y que yo traduje como: "Estas cosas ocurren". Pero en este poema la frase "These episodes occur" tiene un toque latinizante, culto, un poco elevado, que he intentado reproducir con el sintagma "tales incidentes". Pero aun así tu sugerencia me da que pensar. Seguiré en ello. Un abrazo grande, J12

Un abrazo también a ti, Ana.

Anónimo dijo...

Qué interesante ver el diálogo que mantenéis sobre la traducción
que és una manera de hablar de poesía.

maria

p.d.podría porfa colgar algun poema de hill que no empiece por una imagen?
le estaría muy agradecida!