lunes, enero 19, 2009

mervyn peake

Sospecho que Mervyn Peake (1911-1968) no tiene muchos lectores en España; por no tener, ni siquiera es un autor de culto con su correspondiente legión de conjurados. Y, sin embargo, para muchos de nosotros (en especial en el mundo de habla inglesa), su trilogía Gormenghast es uno de los hitos de la literatura fantástica del siglo pasado: un mundo oscuro y decadente, dominado por un enorme castillo en ruinas donde la noble familia Groan («quejido» o «gruñido» en español) vive entre una legión de sirvientes y los restos de su antigua magnificencia. Un mundo abigarrado y con el espesor y la penumbra de un bosque mítico, habitado por sospechas, intrigas y traiciones, envuelto en una bruma malsana que modela y difumina al mismo tiempo el perfil de Titus Groan, su protagonista. El libro está escrito en un inglés tan cuajado, tan denso y asfixiante como el mundo del que levanta testimonio, y es un prodigio de sutileza, capaz de narrar una acción trepidante sin que la atmósfera se resienta. En Gormenghast no hay magia ni raros prodigios; tampoco hay seres fantásticos ni temibles anillos de poder. Sus protagonistas son simples seres humanos atenazados por el peso de un tiempo inmemorial y, sobre todo, el gran castillo de Gormenhast, tan vivo y misterioso como sus habitantes, genuina fuerza demoníaca cuyos inmensos pasillos y estancias son como tentáculos que recorren todas y cada una de las páginas del libro.

La trilogía se puede encontrar en español en Minotauro, aunque tengo la sensación de que está descatalogada. (Hablar de trilogía, en realidad, no es del todo exacto, pues a la muerte de Peake se encontraron notas y borradores para otras dos novelas de la serie. Además, la tercera novela, Titus Alone, quedó inconclusa y se publicó póstumamente sin el permiso expreso de su autor.)

Además de escribir Gormenghast, Peake fue un espléndido ilustrador, grabador y poeta. Recuerdo haber comprado hace años, en una librería de viejo de Sheffield, sus Selected Poems publicados por Faber & Faber en 1972: una poesía agónica y doliente, de raíz expresionista, que enlazaba por igual con Blake y el metafísico Andrew Marvell. Ya entonces me tentó traducir algún poema, pero ha tenido que pasar más de una década para dejarme seducir de nuevo por el libro. Los primeros frutos son «Lo inmenso es lo que nunca aprenderemos» y «En momentos de penumbra», que relata la lucha del autor con sus fantasmas, esos monstruos que recorren los largos corredores de Gormenghast hasta emerger, con distinto nombre y aspecto, en sus ilustraciones de Alicia en el País de las Maravillas, Casa desolada de Dickens o La rima del antiguo marino de Coleridge. (En la imagen, la portada de la primera edición de Titus Groan, la novela inaugural del ciclo, diseñada por el propio autor.)


En momentos de penumbra

Es en momentos de penumbra cuando distingo
desamparados monstruos descollando en mi mente.
Si la tierra estuviera alumbrada con lámparas
se me vería siempre junto a ellos.

Incluso a pleno sol les escucho clamar
a las puertas de mi cerebro, con radiantes
harapos envolviendo sus cuerpos magullados,
y en su frente un rubí como una herida.

*

Lo inmenso es lo que nunca aprenderemos

Lo inmenso es lo que nunca aprenderemos.
Pues no se nos enseña a nacer ni a morir
ni cómo arder
de amor
qué penoso nuestro regreso obligatorio
a esas pequeñas cosas de las que somos dueños.


Trad. J.D.

9 comentarios:

Adolfo Poncela dijo...

Je, je. Me parece muy bueno esto en el aniversario de Poe hablar de su competencia. Estos días todos los blogs dicen lo mismo.
La trilogía en efecto está descatalogada -aunque hay una edición en Minotauro del volumen de Titus Groan de 2003-, se puede encontrar en inglés en la editorial Arrow de Random House.

Jordi Doce dijo...

Hola, Adolfo, te juro que no estaba en mi mente hacerle la competencia al gran Poe. Sí, es verdad, hoy se cumple su bicentenario, brindemos por él. Pero si las bitácoras no crean su propio sentido del tiempo, su propia coherencia interna, tendrían muy poca gracia, ¿verdad? Saludos, J12

Juan Manuel Macías dijo...

Vaya, pues habrá que recurrir al azar de las librerías de viejo, o a la edición inglesa. Los poemas me parecen espléndidos, especialmente el segundo. Mil gracias por el descubrimiento, Jordi. Abrazo.

Abdul Alhazred dijo...

Vaya, no imaginaba este interés que tienes por el fantástico. Me sorprendes cada dia más.
Y no tenía ni idea de la existencia de estos libros. Los buscaré en el infalible mar de internet.
Gracias y un abrazo.

Jordi Doce dijo...

Sí, creo que Internet (iberlibro o abebooks) pueden ser buenas soluciones. Y no os arrepentiréis, os lo aseguro. Un abrazo, J12.

Bruno Mesa dijo...

En el segundo poema encuentro un verso indiscutible, el primero, y una afirmación que no comparto con Peake (si me permitís la herejía). Creo que estar destinados a volver a lo pequeño de lo que somos dueños es uno de los milagros de existir, más que un trabajo penoso.

Gracias por esas versiones y por la lúcida nota.

José Luis Gómez Toré dijo...

Muchas gracias por la recomendación. Me encanta la literatura fantástica, pero, una vez que uno ha leído a los grandes clásicos del género (entre los que hay que contar, por supuesto, a Poe), es difícil encontrar (al menos, esa es mi opinión) en la literatura contemporánea pocos libros fantásticos de verdadero interés, más allá de la literatura de consumo y esos libros que parecen escritos para adolescentes eternos... no dejaré de buscarlo.

Jordi Doce dijo...

Tienes razón, Bruno, aunque sospecho que Peake era más bien dado a lo apocalíptico (rasgo común a muchos de sus coetáneos) y poco adepto a esa sabiduría oriental que encuentra consuelo y belleza en lo nimio, lo casi insustancial.

Se me olvidó decir (¡!) que Peake fue de los primeros en entrar en el campo de concentración de Belsen--lo envió el gobierno británico para documentar las condiciones de vida (y de muerte) de sus prisioneros. La experiencia lo marcó y está detrás de muchos de sus dibujos y grabados.

luna dijo...

me gusta lo inmenso.

el miedo es inmenso.

y el arbol.