martes, junio 21, 2022

un hombre solo en el jardín de la memoria

 



 

Juan Antonio Masoliver Ródenas, La plenitud del vacío, Barcelona, Acantilado, 2022, 144 págs.

 

 

La publicación de su Poesía reunida en 1999 permitió reparar en una zona de la escritura de Juan Antonio Masoliver Ródenas (Barcelona, 1939) que hasta entonces solo había aflorado de manera lateral y casi furtiva. Narrador, traductor y admirable crítico literario, su vuelta a El Masnou después de más de tres décadas de residencia en Londres, donde fue catedrático de literatura en la Universidad de Westminster, supuso una reorientación de su energía creativa: se reforzó la veta memorialística y la poesía pasó a un primer lugar, el que quizá siempre tuvo, como si aquel libro, más que una forma de hacer balance, hubiera sido el comienzo de su «vida verdadera».

 

Los cuatro poemarios que ha publicado desde entonces, más este La plenitud del vacío, no aportan variaciones sustanciales a una poética que gira sin tregua sobre un puñado de imágenes y motivos insistentes: los fantasmas de la niñez y la memoria, la luz poderosa y deslumbrante del mediterráneo, la llama de la pulsión erótica y su don para iluminar y dar sentido a la existencia, la sombra ominosa y febril de la muerte, la lucha con un tiempo que nos va deshaciendo como arena…

 

Sexo y escatología han ido siempre de la mano en la poesía de Masoliver Ródenas, poblada por mujeres y desnudeces que viven en la juventud del recuerdo y que son como apariciones que lo atormentan o lo tutelan, dantescamente, por el camino.

 

Nunca la poesía de nuestro autor había alcanzado tales cotas de intensidad y despojamiento. Masoliver Ródenas se pasea por un espacio de blancura o de ceguera habitado por las figuraciones oníricas de la memoria, el asombro, la pasión vital: «No es la muerte. / Es este vacío al que intento asirme / como si fuera materia»; «Es y seré la pérdida / de todo lo que nunca tuve». Leer este cuaderno de postrimerías es una vivencia conmovedora y una muestra del poder de la escritura para prolongar la vida más allá de toda esperanza: «Soy cada día menos / para ser plenamente».

 

 

Publicado en La Lectura de El Mundo, 3 de junio de 2022.


viernes, junio 17, 2022

para que las cosas encuentren su lugar

 

 


 

Fabio Morábito, A cada cual su cielo, Madrid, Visor, 2022, 108 págs.

 

 

Poeta, narrador y ensayista, traductor ejemplar de Montale, Fabio Morábito (1955) sigue siendo un relativo desconocido entre nosotros. Nacido en Alejandría de padres italianos, con quienes se trasladó a México a los quince años, ha escrito toda su obra en español. Esta elección (asunto al que dedicó un ensayo memorable, El idioma materno) ha sido su forma de rubricar, desde el lenguaje, un mirar marcado por el signo de la extranjería. Con palabras sencillas, con un decir solo en apariencia llano, Morábito es uno de esos poetas –mucho más escasos de lo que se piensa– capaces de hacernos ver el mundo con nuevos ojos.

 

A cada cual su cielo es un libro delicioso en el que casi no hay página que no nos deslumbre con una imagen, una idea, una intuición: «Hay árboles que nacen para bosque, / otros que son un bosque sin saberlo; «los mapas se hacen / al amanecer del domingo, / cuando la población / está dormida y son más claros / los relieves de la patria». A veces su épica de lo cotidiano, su atención a lo diminuto, recuerdan un poco a Magrelli, pero Morábito es más cantarín, también más amante de la paradoja (que toma de Juarroz para encarnarla en los objetos) y el relámpago del asombro.

 

A lo largo de estos 56 poemas sin título escuchamos a un poeta enamorado de las superficies del mundo, pero que a la vez no puede dejar de levantar alfombras y hacerse preguntas. Los poemas sobre la infancia conviven con otros, más densos, en los que dialoga con su padre enfermo o toma un pasaje de Montale para celebrar la existencia: «Nada se arrastra en la naturaleza, / la vida está de pie o ya no es vida».

 

Morábito enlaza su escritura con «una sola pregunta, / formulada de cien formas»: «por qué las piedras no se abren». Sus poemas tampoco lo hacen, pero a fuerza de ser transparentes. El don está en no esconder nada y mantener vivo el enigma. Todo es prodigio, y este libro se pone en pie para celebrarlo y decírnoslo al oído.

 

 

Publicado originalmente en La Lectura de El Mundo, 27 de mayo de 2022.

 

 

 


lunes, junio 13, 2022

extramuros

  

Tomioka Soichiro, Trees, 1961



 

Según Edward Said, que distingue con gracia entre «filiación» y «afiliación» (el juego de palabras es por una vez iluminador, tiene sentido), la relación filial pertenece a los dominios de la naturaleza y de la vida –pues suyos son los lazos y formas de autoridad naturales como la obediencia, el temor, el amor, el respeto y el conflicto de instintos–, mientras que la afiliación pertenece exclusivamente a la cultura y la sociedad, donde imperan formas transpersonales como «la conciencia de gremio, el consenso, la colegialidad, el respeto profesional, la clase y la hegemonía de una cultura dominante». Y no hay duda. A pesar de todos mis déficits como hijo y de los suyos como padre, de los conflictos y turbulencias que oscurecieron nuestra relación y terminaron por separarnos, me reconozco fatalmente del lado de la filiación. Sé bien que los gremios y el espíritu colegial son estribos del orden social, pero nunca he sabido considerarlos sin recelo y hasta sin aversión. Y ahora comprendo que esta incapacidad mía es la raíz de los defectos que más me reprocho. Lejos, lejos, extramuros de la ciudad, por los caminos de la vega, ahí me veréis muchas tardes. Los viejos con los que me encuentro no se parecen en nada a mi padre, pero no será por falta de intentarlo.

 

 

jueves, junio 09, 2022

una onda expansiva de palabras

 

 

Ernesto García López, Hospital del aire, prólogo de Diego Sánchez Aguilar, Barcelona, Candaya, 2022, 222 págs.

 

 

El escritor y antropólogo madrileño Ernesto García López (Madrid, 1973) plantea en Hospital del aire un curioso artefacto: un libro de poesía en el que lo estrictamente poemático debe convivir con otras formas de escritura, como la crónica, el collage periodístico o incluso el diario personal. La raíz del libro está en el trágico accidente aéreo que tuvo lugar el 27 de noviembre de 1983 en Barajas. Uno de los aviones de Avianca que cubría la ruta Fráncfort-Bogotá se estrelló causando 81 muertos y 11 heridos. Entre las víctimas figuraron la pianista Rosa Sabater y los escritores Marta Traba, Jorge Ibargüengoitia, Manuel Scorza y Ángel Rama, invitados por el gobierno colombiano para asistir al Primer Encuentro de la Cultura Hispanoamericana.

 

Las cinco partes del libro proponen otros tantos itinerarios de lectura, según nos mostremos más o menos fieles al designio de su autor. El verso tiene la fuerza y entidad suficientes para componer un libro autónomo, pero García López ha optado por entremezclarlo con notas y recortes de la crónica periodística para crear un efecto dramático, de contraste: si el verso da voz –ficticia, claro– a las víctimas, la prosa ofrece los datos mostrencos, el contexto inmediato de la tragedia.

 

Este dar voz a las víctimas cobra una respiración más ancha en «Caja negra», centro magmático donde el libro se desborda para convertir a Rama, Scorza, Traba, etc. en máscaras o correlatos del yo: «lenguaje», «escritura», «poema», «música» y «palabras» son puestos bajo la lente de una conciencia alerta que mide la extensión del dolor, el carácter inasible del pasado o la capacidad propia de la poesía para abrirse a lo que no tiene nombre: «instantes negros / metidos / en cada palabra».

 

El libro se cierra con un Diario de escritura en el que García López da cuenta no solo de sus lecturas o intereses, sino también de los miedos y perplejidades que le suscita el libro, para el que quisiera un lenguaje a la vez «descarnado y lírico». Lo consigue.

 

 

Publicado originalmente en La Lectura de El Mundo, 20 de mayo de 2022.

 

 


domingo, junio 05, 2022

el hueso duro de roer de la memoria

 


 

Basil Bunting, Briggflats, edición, traducción y notas de Emiliano Fernández Prado y Faustino Álvarez Álvarez, Gijón, Impronta, 2021, 136 págs.

 

 

Que la obra de un poeta en cierto modo insólito como Basil Bunting (1900-1985) se vuelva a editar entre nosotros es un acontecimiento. Ya fue objeto de una admirable antología a cargo de Aurelio Major, Briggflats y otros poemas (Lumen, 2004), que comenté en su día. Ahora ve la luz esta nueva versión de su gran poema de senectud, Briggflats (1966), y cabe preguntarse por las causas del regreso. Bunting, nacido en el norte de Inglaterra, tuvo una vida azarosa y llena de peripecias con algunos hitos concluyentes: su estancia en Rapallo, por ejemplo, donde entró en la «Ezuversidad» de Pound; o su residencia de dos años en Tenerife, justo antes de la Guerra Civil. El nexo español es revelador: fue en Rapallo, en el suplemento del diario Il Mare, donde dio a conocer uno de los cinco poemas que el asturiano Basilio Fernández publicó en vida. Ahora su sobrino, Emiliano Fernández, le devuelve el favor como coautor de esta edición, que incluye notas abundantes, un glosario y un prólogo ejemplar.

 

Briggflats, subtitulado «Una autobiografía», es un hijo tardío del modernismo angloamericano y también uno de los grandes títulos del siglo XX en lengua inglesa. Un poema barroco, culterano y compacto, atento a las leyes de economía y precisión del lenguaje y obsesionado por el maridaje de palabra y música. Un poema cuyas cinco secciones trasponen la estructura de una sonata y a la vez encarnan las etapas de una vida y las cuatro estaciones del año, con una sección central que alude al viaje obsesivo de Alejandro Magno y es como un faro que irradia su luz al conjunto. Su poética lo dice todo: «En el silencio, si barremos el polvo y la basura de nuestras mentes, podemos detectar el pulso de la sangre en nuestras venas, más persuasivo que las palabras […] Dejemos que sucesos e imágenes se ocupen de sí mismos».

 

Elipsis y densidad léxica; irreverencia y lucidez; ferocidad y lirismo: así esta obra mayor, que oscila entre vitalismo y descreimiento para celebrar el aquí y ahora de la vida.

 

 

Publicado originalmente en La Lectura de El Mundo, 20 de mayo de 2022.

 

 

miércoles, junio 01, 2022

cuaderno de bitácora

 

 

 

João Luís Barreto Guimarães, Nómada, traducción de José Ángel Cilleruelo, Valencia, Pre-Textos, 2022, 134 páginas.

 

 

Muy al comienzo de este nuevo libro de João Luís Barreto Guimarães (Oporto, 1967) se afirma: «elegir es excluir / excluir es entender / entender es conservar». Es una muestra del tono sentencioso que atraviesa Nómada, su segundo libro publicado en España (el primero fue Mediterráneo, que Vaso Roto nos acercó en 2018), pero es también una poética y una confesión vital, la de quien vive escindido entre el deseo de mundo y la búsqueda de sentido. Pero la paradoja solo es aparente. Si la poesía importa o tiene sentido, es porque al tomar un fragmento de ese mundo –esto es, al hacer el vacío a su alrededor– nos permite hacernos una idea de la totalidad.

 

El aire de estos poemas es ligero, nervioso, como si las dos manos bailaran por turnos sobre la página. La conjunción de versos largos y breves, el uso de apartes y aclaraciones parentéticas, el ritmo veloz de las transiciones, todo crea un efecto de torbellino (en un vaso de agua) y levedad impresionista, que la traducción de José Ángel Cilleruelo recrea con soltura. Lo dice el autor mismo con un juego de palabras: «Yo erraba por el mundo y […] cuanto más erraba más / acertado estaba».

 

Escribir poemas sobre Auschwitz corre el peligro de convertirse en una moda, pero João Luís Barreto pasa la prueba con nota. De hecho, «Los cuervos en Birkenau» es un punto álgido del libro, una viñeta a la vez delicada y precisa del campo que evoca los detalles consabidos sin que la emoción –la impresión de verdad– se resienta.

 

Esta actitud vitalista recorre los 42 poemas del conjunto (divididos en seis secciones de igual extensión) como una descarga eléctrica: el viaje es una constante –París, Ámsterdam, Grecia–, pero también los encuentros familiares, las escenas de interior, la reflexión de carácter moral sobre el arte… En el apartado quinto, la escritura se vuelve ácida, casi epigramática, lo que no siempre la beneficia. Gana, por el contrario, cuando hace del poema un «silencio que trabaja» y se deja guiar por su entusiasmo, su impulso celebratorio: «Sólo tengo que / ir donde me lleva».

 

 

Publicado originalmente en La Lectura de El Mundo, 6 de mayo de 2022.

 

 

 


sábado, mayo 28, 2022

palabras para reparar el mundo

 

 


Roger Robinson, Un paraíso portátil, traducción y prólogo de Elisa Díaz Castillo y Adalber Salas, Barcelona, Kriller71 Ediciones, 176 págs.

 

 

Este «paraíso portátil» se abre con una serie de once poemas dedicados al incendio de la torre residencial Grenfell en Londres en junio de 2017, en el que murieron 72 personas, en su mayoría inmigrantes y vecinos humildes del rico mosaico étnico de la ciudad. Roger Robinson, nacido en Hackney –aunque recriado en parte en la isla antillana de Trinidad–, toma este desastre para hacer una historia retrospectiva del racismo estructural que atraviesa el país y que el Brexit no hizo sino reforzar, como quedó patente con la política de «entorno hostil» que el Home Office dispensó a los inmigrantes venidos del Caribe antes de 1973 (la llamada generación «Windrush»).

 

Que Robinson ha escrito un libro de inspiración política parece innegable. El resultado, sin embargo, va mucho más allá, por la gran variedad de tonos y cauces formales que aquí se dan cita y que el poeta y músico maneja con maestría: pathos y humor, celebración y disparate, ironía y justa indignación, poemas-reportaje y onirismo… Así en «Woke», cuyas veloces transiciones nos llevan como en sueños, con lúcida ferocidad, desde la «panza de un barco esclavista» al «piso 16 de un bloque de apartamentos […] con una vista nítida de la tierra que no me pertenece».

 

El don de Robinson para manejarse en los registros más diversos (incluido el «limerick») es inspirador, y en español se beneficia del trabajo atento de Elisa Díaz y Adalber Salas. Si «Doppelganger» no desentonaría en un libro de Seamus Heaney, «Cenizas al fuego» tiene la firmeza crispada de la oralidad callejera.

 

Ejemplo de su ironía es «Aceituna negra», en el que un encuentro con una editora blanca que devora las olivas de un plato deriva en un breve relato humorístico con él convertido en aceituna y «brincando en el trampolín suave» de la lengua de la mujer, donde no tarda en saludar con resignación a nuevos camaradas de infortunio.

 

Su autor transita a la vez entre los hechos y por encima de ellos, con esa doble mirada propia de la imaginación empática. La impresión final es de grandeza, no solo poética, sino vital.

 

 

Publicado originalmente en La Lectura de El Mundo, 6 de mayo de 2022.


martes, mayo 24, 2022

ep

 

Ezra Pound (1885-1972) / foto de Paolo di Paolo

 

 

 

Que de mi tumba se levante tal llama de amor

que quien pase a su vera se sienta confortado;

            que gatos vagabundos se enrosquen aquí

                                   donde no hay lápida

& chispeen los ojos de las muchachas, en el lugar anónimo

que mengüen los rencores

& un lento adormecer de paz invada a quien pase.

 

 

trad. J.D.

 

sábado, mayo 21, 2022

alguien

 

Las distopías del nuevo siglo tienen un aire inequívocamente altomedieval: una mezcla de feudalismo y tecnología punta, con ese acento apocalíptico propio de los credos milenaristas. Y no es extraño: nuestros señores feudales tienen más poder que los reinos donde ubican sus castillos, que son mansiones más o menos fortificadas en las afueras de la ciudad; son ellos, los señores de las tecnológicas y las grandes financieras y las empresas de armas (llamadas «de seguridad» con desparpajo eufemístico), los que establecen alianzas transnacionales para eludir el pago de impuestos y esquilmar a sus vasallos, que ojean la pantalla con el mismo pasmo bobalicón con que los campesinos miraban los frescos de las iglesias. La analogía está ahí, y basta con tirar de la madeja. Es lo que hacen los creadores de ficciones, los guionistas de series y películas con aroma a devastación. Solo unos pocos nos atrevemos, tal vez ingenuamente, a añadir una imagen al puzle: alguien, en algún lugar, alguien que no conocemos y que no levanta sospechas, ha decidido construir su propio monasterio y hace de monje copista en el scriptorium.

 

miércoles, mayo 18, 2022

los hilos ocultos del deseo

  


 


 

Olga Muñoz Carrasco, Tapiz rojo con pájaros, Madrid, Bala Perdida, 2021, 84 págs.

 

 

Puesto en contigüidad con Cráter, danza (2016), su predecesor, este Tapiz rojo con pájaros de la poeta y crítico Olga Muñoz Carrasco (Madrid, 1973) cobra un relieve especial. Si aquel libro se forzaba a bailar con la sombra palpable de la enfermedad, este produce un efecto simultáneo de estatismo y claridad, como si todo estuviera fijado o contenido de antemano en los motivos que integran La dama y el unicornio, el célebre conjunto de seis tapices que se aloja en el Museo de Cluny de París y que es el punto de partida ostensible de esta propuesta, su escenario inmediato.

 

Son muchos, empezando por Rilke, de quien se toma el epígrafe inicial, los que han encontrado en esta obra inspiración y alimento. Muñoz Carrasco soslaya la tentación ecfrástica y toma las seis imágenes como fuente de un impulso reflexivo que es también un examen fuertemente sensorial del mundo y del propio cuerpo. Si cinco de las seis secciones del libro, como los tapices mismos, remiten a los sentidos corporales, la sexta las condensa con una referencia explícita al deseo que replica la oscura (por intraducible) divisa del panel central: «À mon seul désir».

 

Toda la sección IV, «El monstruo en el espejo», está dedicada al sentido de la vista y dialoga con figuras míticas –Diana, Circe, Deyanira– que son como el azogue donde perfilar, por contraste, la propia imagen: «guerrera entre los árboles    se da al viento    enarbola cicatrices de caza    en el seno rabia    amor en la rodilla    en la sien locura».

 

Y es este deseo el que modula la escritura y le da su carácter fluido, disperso, esa jouissance sin rumbo cierto que parece anclada eternamente en el instante de la espera o la inminencia. Las frases se reúnen en bloques textuales sin puntuación que simulan enjambres suspensos en el aire, y en los que el foco está puesto una y otra vez en el cuerpo, en las partes del cuerpo (ojos, manos, torso), o en un mundo natural que se erotiza en su presencia. Figuraciones persuasivas cuya atmósfera vagamente espectral nos recuerda, al modo barroco, que «solo lo fugitivo permanece y dura».

 

 

Publicado originalmente en La Lectura de El Mundo, 29 de abril de 2022.

 


 



jueves, mayo 12, 2022

ciudad de la mentira

 

 

 

Gabriela Kizer, En falso, prólogo de Luisa Castro, Madrid, Visor, 2022, 144 págs.

 

 

La primera impresión que se tiene al ingresar en este nuevo libro de la venezolana Gabriela Kizer (Caracas, 1964) es la de una gran desenvoltura expresiva: un don muy suyo para fusionar registros y planos distintos de escritura, de lo coloquial a lo culto, de lo narrativo a lo metafórico, de los modos de la calle a un culturalismo que brota siempre sincero, sin efectismos, como un bagaje del que los años se sirven para traducir o al menos iluminar la propia vida. En falso abarca doce años de escritura (2005-2017) y puede que este lapso tenga mucho que ver con su sincretismo, pero hay algo más, una apuesta decidida de la autora por no cerrarse ninguna puerta; también, como señala Luisa Castro en su oportuno prólogo, su deseo de fundar «un territorio movedizo, deslizante […] que nos atrapa desde el primer momento».

 

Las cinco secciones del libro dibujan un trayecto que va desde el sondeo de las raíces familiares –judíos ucranianos que desfilaron por «el piso enmohecido del barco / que ha iniciado su lento viaje desde Besarabia»– a un retrato insolente y a la vez desolado de la Caracas de hoy. Por el camino comparecen las diversas etapas de una educación vital y sentimental que sigue arrojando su luz viva desde el pasado: «Quiénes éramos / muchachas pacatas, salvajes, voyeristas […] Pronto seríamos bocado y abrevadero. / También indecencia, llama difícil, brasa para tiznar».

 

Los poemas en prosa de la sección central son como una galería de ejemplos para la vida y el arte, pero en todos alienta el afán de Kizer por evitar la línea recta, la moraleja o la conclusión fácil. «Haga la alegoría usted», dice con humor, aunque no pueda evitar que una sombra creciente de pesimismo caiga sobre sus páginas.

 

Así, quien quiera hacer un retrato fiel de la Caracas arruinada del post-chavismo tendrá que consultar también a los poetas. Y, en concreto, todo el tramo final de este libro, que hace el inventario de una realidad atroz y desmedida que Kizer observa con pasión incrédula porque solo así cabe eludir la «pesadumbre», la falta de esperanza.

 

 

Publicado originalmente en La Lectura de El Mundo, 29 de abril de 2022.

 

sábado, mayo 07, 2022

desde el corazón de las tinieblas

 


 

Carlos Peinado Elliot, ¿Sangra el abismo? Contracciones de una noche de Pascua, Barcelona, RIL Editores, 2022, 142 págs.

 

 

Estamos ante un libro singular por varias razones. Para empezar, es muy difícil encontrarle antecedentes en nuestra tradición, y habría que irse tal vez a ciertas zonas de la poesía de Zurita o de Valente para tocar el germen primero de lo que aquí estalla con tal ferocidad. Tampoco hay signos que lo anunciaran. Carlos Peinado Elliot, profesor de Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad de Sevilla y justamente conocido por sus estudios sobre lo sagrado en Valente, María Zambrano y algunos poetas de los 70 (Colinas, Janés o Sánchez Robayna), solo tenía a su nombre un poemario, La herrumbre herida (2011), en el que el desvelo existencial se encauzaba en hechuras más tradicionales. Bien es verdad que cabe rastrear en ese libro, in nuce, muchos de los motivos que rigen el territorio doliente de este «abismo», pero los parecidos acaban ahí. Resulta casi insólito, pues, pero también alentador, que una obra de esta naturaleza llegue hasta nosotros con relativa normalidad.

 

El título mismo, ¿Sangra el abismo? Contracciones de una Noche de Pascua, es excesivo, un aviso de lo que vamos a encontrar en su interior. Pero si este libro es excesivo, lo es a la manera en que la hipérbole, cuando necesaria, es también significativa. Nuestra época, en realidad, ha abolido esta vieja figura retórica, pero Peinado Elliot la conoce bien de sus lecturas bíblicas y la restaura como fuente primera del impulso moral que recorre el conjunto: 130 páginas de poemas en prosa a texto corrido entreverados de pasajes en verso (más un tímido aparato experimental en forma de caligramas y notas al pie) y articulados en ocho partes de diversa extensión.

 

Todos los poemas van precedidos por una divisa que remite a uno de los elementos arquitectónicos del templo cristiano –nártex, girola, pechina, hipogeo, arcosolio, etc.–, pero también a nociones de la antigüedad grecolatina (Quimera, Sibila), la escatología cristiana y la antropología. Una de ellas, la «fossa sanguinis», en alusión al templo descubierto en Westfalia en 1956 y que servía como pila del Taurobolium, el bautismo en sangre de toro del culto de Cibeles, es quizá el nudo gordiano del libro; bajo ese lema se agrupan sus textos más duros y descarnados, que escenifican de forma explícita actos de violencia, de daño, de tortura. Así los dos iniciales, en los que una figura anónima –en la que intuimos el rostro de José Bretón– prende la hoguera donde arden «los cuerpos narcotizados» de sus hijos. El libro empieza con esa hoguera y ya no ceja en su empeño de listar y describir los hechos de barbarie: una genuina marea de sangre que no da respiro al lector y en la que percibimos, en filigrana, toda clase de referencias: culturales, históricas (la Shoá, las trincheras de Verdún) y mediáticas, con indicaciones veladas a casos recientes de gran repercusión en nuestro país.

 

Entre las piezas de resistencia del conjunto destaca un poema-reportaje escalofriante sobre la matanza de Iguala en 2014, un «intermedio informativo», según lo titula su autor, que es un modelo de poesía testimonial, capaz de dar voz a los agentes de la infamia sin dejar de hacer justicia a las víctimas. Pocas veces ha tenido uno el privilegio de leer algo así en nuestra poesía reciente.

 

El polo opuesto de esta serie intermitente de «fossa sanguinis» es «vitral», donde la imagen del mar –asociada a la visión infantil– ofrece un contrapunto que se ensombrece con la del cielo en «pináculos: estrellas» o «bóvedas estrelladas». Con todo, el alivio es fugaz, momentáneo. El acento expresionista se enseñorea del conjunto y retrata una humanidad devastada por la violencia, la destrucción, la muerte: un material poco menos que intratable que el poeta, lejos de desactivar, potencia con un lenguaje de vigorosa trabazón rítmica y metafórica. Al mismo tiempo, todo el léxico está empapado de una aspiración espiritual que alienta desde el arranque y se resume en la cita de Pound que cierra el libro: «Palpable el Elíseo, aunque estuviera en las salas del infierno». Un final precario que no borra ni alivia el espanto, pero que el lector, aún sobrecogido, no puede sino agradecer.

 


Publicado originalmente en La Lectura de El Mundo, 15 de abril de 2022.

 

 


sábado, abril 30, 2022

desde inglaterra

Dos años y medio después de su publicación en Inglaterra bajo el título We Were Not There (trad. Lawrence Schimel, Shearsman, 2019), la edición inglesa de No estábamos allí es reseñada por el poeta y crítico Brian Morton en el número más reciente, el 264, de la revista Poetry Nation Review.

 

PN Review, fundada en 1973 por el poeta y crítico Michael Schmidt, es junto con Agenda la decana de las publicaciones poéticas en las islas. El índice de este nuevo número se puede consultar aquí.

 

 



 

 


 

miércoles, abril 27, 2022

ausencias que acompañan


  


Esperanza López Parada, Un tiempo de gracia, Valencia, Pre-Textos, 2022, 86 págs.



Las circunstancias hicieron de Las veces (2014) un libro visiblemente elegíaco, en el que Esperanza López Parada (Madrid, 1962) partía de la muerte de la madre para reflexionar sobre la memoria, el vacío, la herencia familiar, su cadena de ejemplos y contraejemplos… La elegancia reticente y pudorosa de su escritura se despeinaba sin miedo para incorporar materiales de fuerte carga emotiva, que, además, en el extenso poema final, se impregnaban de un acento meditativo que actuaba a modo de recapitulación: del libro, pero también de la vida, de sus vueltas y revueltas.

 

Ahora Un tiempo de gracia, surgido de una nueva etapa de duelo, profundiza en estas claves, pero con un tono menos oscuro, más esperanzado y conforme: «el simple hecho / de estar hoy aquí / y haber sobrevivido». Hay algo sorprendente en esta poesía, y es la manera en que lo conceptual, lo abstracto incluso, convive sin fisuras con lo dramático, lo confesional (que brota en forma de ramalazos, de breves y casi invisibles aperturas hacia lo íntimo): «ahora yo como sola / un solo mantel una pieza de fruta […] eres lo que digiero / esta lágrima y la sal del almuerzo».

 

Si el poema inaugural nos da la «fecha hipotética [en que] dios hizo el mundo / lo redondeó del todo», otro nos habla de ese «punto antes del punto / en que se decide todo el resto de la historia». La visión de López Parada es fatalista, sí, pero da margen para respirar y también para construir ese olvido sanador que llamamos «gracia».

 

El tiempo es aquí la hebra que articula las piezas del libro. Un tiempo que comparece en los títulos de los poemas, fechas todos ellos, y de las tres secciones en que se dividen, pero que es la sustancia misma de la vida, una fuerza inerte que «no se para nunca», «una entropía sin alma» condenada desde su germen a la extinción. Un tiempo-eternidad en el que todo coexiste y que permite a la poeta, finalmente, asumir sin desconsuelo la presencia de sus muertos y convivir con su silencio: «esto es el misterio / voy por el mundo tan habitada / que apenas me sostengo».

 

 

Publicado originalmente en La Lectura de El Mundo, 8 de abril de 2022.