Ayer por la noche, casi a punto de
dormirme, el ruido de la lluvia en las persianas… Mediados de octubre y el agua
cae con ganas, en rachas generosas que ponen un filo de hielo en el aire. Pensé
que la escritura debía tener ese ritmo, esa soltura, llegar al cuaderno como
quien no quiere la cosa y a la vez sin reservas, insistente y pródiga, impulsando
sus frases como gotas de agua en el cristal. Me dormí con ese ritmo en la
cabeza y hoy, al despertar, tardé en salir de mi sueño, como si las aventuras
de la noche fueran la casa en cuyo techo la lluvia debía seguir repicando, incubando
palabras.
Episodio 131, La Prieta
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Esta es una versión libre y macabra de un suceso real ocurrido en
Sabanagrande hace mucho tiempo. Aquí fabulo dentro de la mejor tradición de
los rela...
Hace 6 horas



