Días en que regresas por sorpresa y no hay nada. En que vagas sin rumbo por sus salas desiertas, sus pasillos vacíos, los espacios donde aprendiste a ser feliz. Hay un raro barniz en cada cosa, como si la vida acabara de irse a toda prisa, sin tiempo para borrar sus huellas como es debido. Entra la luz por las ventanas, el aire mueve las cortinas, pero no hay nadie. Dices un nombre a gritos pero nadie responde. Una casa abandonada. Una casa que ha dejado de respirar y que yace a la intemperie, sometida al rigor y la indiferencia de los días. Te sientas en el suelo y comienzas a hablar con ese nadie.
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Séptimo libro de odas (5)
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Sueño con el leve crujido de hojas secas extendidas sobre el camino como
una alfombra dorada. De ahí, el tacto de los pies al caminar me traslada al
inte...
Hace 11 horas

1 comentario:
Me ha recordado mi vida de soltero, je, je. Pensándolo bien, no era tan mala.
Un saludo.
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