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Ahora que el invierno está próximo, el cuerpo rehúye las calles pero la mente las busca con alivio, feliz de haber dejado atrás el embotamiento del verano. Las ideas se estiran y prosperan, el sol no las oprime, hay como una amplitud en el aire que resiste incluso a las contracciones del frío. Más todavía si el cielo, como ayer a media tarde, aparece despejado: un azul denso, impenetrable, reverso del negro casi gótico que vino a sucederle. Cuerpo y mente prefieren estaciones distintas, sí. Y uno debe aprovechar la fuerza que le es dada, venga de donde venga. El invierno es para él, desde hace mucho, el espacio para el juego del pensamiento.
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Texto de Gabriela Guerra Rey sobre mis obras irlandesas en la revista "Qué
Leer"
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Fue hace algo más de 26 años, el 30 de junio del 2000. Yo publicaba una
reseña del libro *Las islas Aran* (editorial Alba), del irlandés John
Synge, en ...
Hace 4 horas

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