Es amable y locuaz, se explaya
con detalle y voz atropellada sobre cada paso de la gestión, dice esto y
aquello, aclara el porqué de sus decisiones, en resumen: no para de hablar. Uno
espera que el simple trámite de enviar unos sobres por correo termine cuanto
antes, pero se ve aguantando a pie firme una crónica minuciosa de las entrañas del
servicio postal. Debe creer que así da más empaque a su tarea, o que transmite la
seguridad de un profesional, pero no entiende que tanta explicación sólo despierta recelos e impaciencias. Me gustaría hablar con él de otras
cosas, hacer alguna broma, y no esta retransmisión en directo de su labor. Soy
injusto, lo sé, y esto es quizá lo que menos le perdono: que su cháchara inofensiva
me vuelve mezquino.
Isabel Sánchez Fernández lee "Territorio"
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Creo que la primera vez que leí un poema de Álvaro Valverde tenía yo
veintitantos años. Me gustó tanto que lo copié en una de las pequeñas
libretas que s...
Hace 3 horas

1 comentario:
Irónicamente divertido.
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