El
minimalismo no puede ser un remedo de ascesis que ignore o haga de menos al
cuerpo, que es precisamente el lugar donde debe comenzar –donde cobra sentido–
la renuncia ascética: disciplinar sus exigencias, lidiar con sus humores y su
inmundicia, estar en la carne hasta olvidarse de ella. Ser un asceta
prescindiendo del cuerpo es algo más que hacer trampa: es, literalmente, un
ejercicio de superficialidad. El despojamiento no es un ámbito al que se llegue
por sublimación o enrarecimiento, rodeando los territorios del cuerpo grosero:
es una realidad que está al otro lado de la materia, que surge de darse de cabezazos contra ella, empezando por la propia carne y sangre.
Terquedad, insistencia: si no seguimos ese hilo de Ariadna, si no atravesamos
el laberinto hasta dar con el monstruo que (también) somos, es que no hemos
entendido nada. La renuncia nunca puede ser de antemano.
CLAUSURA
-
*dentro*
Fotografía
de
*Javier Cabañero Valencia*
DORMIR AL RASO
La mala luz derrumba mis lecturas
cada vez más pronto.
Recurro al cuello blanco
de un ...
Hace 18 horas

1 comentario:
La materia es puro vacío con algunas excepciones. ¿Tiene sencillo temer a la estructura?
Un saludo.
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