Sale uno con la lluvia pisándole los hombros y descubre en el arcén un par de zapatos de mujer que el agua ha terminado
de arruinar. Cuesta pensar que alguien tire unos zapatos así a la calle.
Están entre dos coches, casi ocultos, y tienen algo de pájaro que ha
quedado muerto en el asfalto, un pájaro sucio y con las alas rotas. Nunca fueron
gran cosa, esas alas, pero al menos su dueña sabía emplearlas para dejar la
tierra un instante, pasar volando.
Reseña de "Mandar y obedecer Una historia del poder desde la resistencia,
el lenguaje, el ego y la fe" en la revista "Qué Leer"
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En el número de junio de *Qué Leer*, Bernat Castany Prado se encarga de
reseñar magníficamente mi libro *Mandar y obedecer. Una historia del poder
desd...
Hace 49 minutos

2 comentarios:
Fantástico
que no sea uno solo.
Con alas puede ser más fácil pisar volando.
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