Frases muy particulares que no sólo valen menos fuera de su contexto original, sino que pierden todo su valor en otras bocas: están asociadas a sus dueños como el pétalo a la flor. Decirlas es un pecado de nuevo rico, la demostración más palpable de que no se ha entendido nada.
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Palabras que abandonan su lugar en la frase y vagan, como gatos raídos o viejos elefantes, buscando un lugar tranquilo donde caerse muertas.
No aconsejarás.
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*Todos sufrimos las consecuencias de nuestros errores; todos quisiéramos no
haberlos cometido; pero casi ninguno aceptamos que nos los señalen ni
siquie...
Hace 5 horas

1 comentario:
¡Caray! Te gusta romper la tranquilidad, ¿no?
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