Envuelto
finalmente por el sueño, he cerrado los ojos y he dejado el libro abierto sobre
el vientre. Hacía años que no sentía el peso del papel en el cuerpo. Siempre
dejo la lectura a un lado, en el sofá o en la mesita de noche. Esta vez he
sentido con sorpresa –casi un sobresalto– el alivio protector del libro, su
tibieza. Y me he puesto a dormir con perfecta placidez.
Me olvidé de la vida al escribirla
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*Schumann / Echávarri: Estudios sinfónicos, XI*
*Melancolía llueve en el paisaje. *
*Lo contemplo en la tarde silenciosa.*
*Veo un hombre que corre al hor...
Hace 2 horas

1 comentario:
Así puede ser cuando se siente la calidez y el sosiego del libro.
Abrazo.
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