Estos
gorriones que picotean entre arbustos son los mismos que el año pasado. También
los perros, que se renuevan cada curso sin dejar de ser idénticos. Pinos y
cedros y arces y abedules son los de siempre, no se han movido de su sitio. Y
así la hierba, el agua del estanque, los colores de la rosaleda… Sólo nosotros
–testigos inquietos, insatisfechos, reos de una impaciencia que patina sobre la
superficie de las cosas– crecemos y cambiamos, nos salimos del quicio, no
coincidimos con nosotros mismos.
TEOREMA DE LA CONFIANZA
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*Con Gloria Díez y Juan José Martin Ramos*
Biblioteca Mario Vargas Llosa de Madrid,
*4 de junio de 2026 *
*TEOREMA DE LA CONFIANZA*
Confío en la ex...
Hace 10 horas

2 comentarios:
Quicio o el modo en que una bella palabra puede atormentar.
Abrazo
Manifiesta identidad, diría alguien con ganas de polémica. Lo más seguro es que, si ellos, pájaros y árboles, nos miran, podrán decir lo mismo de nosotros.
Es sólo producto de la conciencia. O ¿habría que decir mala conciencia?
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