Envuelto
finalmente por el sueño, he cerrado los ojos y he dejado el libro abierto sobre
el vientre. Hacía años que no sentía el peso del papel en el cuerpo. Siempre
dejo la lectura a un lado, en el sofá o en la mesita de noche. Esta vez he
sentido con sorpresa –casi un sobresalto– el alivio protector del libro, su
tibieza. Y me he puesto a dormir con perfecta placidez.
Confianza y policía
-
"La experiencia enseña a no confiar en la policía. Cuando menos te lo
esperas se ponen al lado de la ley."
(Sam Jaffe en *La jungla de asfalto*, 1950, d...
Hace 9 horas

1 comentario:
Así puede ser cuando se siente la calidez y el sosiego del libro.
Abrazo.
Publicar un comentario